Un refugio diferente en el Adriático
Publicado en Diciembre 21, 2009
Rodeada de aguas turquesas y con su propio pasado casi mitológico, la isla croata de Mljet es un destino turístico maravilloso -y aún discreto- en Europa.

Las playas soleadas y los mares de aguas azules no son una exclusividad del Caribe ni de la Polinesia. Hay quienes pueden redescubrir este tipo de paisajes en Europa y -lo que es aún mejor- en una isla discreta que aún no sufre los “embates” del turismo masivo.
Se llama Mljet (sí, es impronunciable, estamos de acuerdo) y está ubicada a pocos kilómetros de Dubrovnik, un puerto croata con construcciones medievales que ya ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Con temperaturas apacibles y estupendas bellezas naturales (cinco tipos de bosque, según la Oficina de Turismo croata), la isla de Mljet cuenta con una exótica particularidad: un lago en medio de ella y otra pequeña isla adentro de aquel. Sobre esta última, a su vez, se levanta un convento del siglo XII.
Pero la historia de esta minúscula isla de 100 km2 se remonta mucho más atrás. El primero en nombrarla fue el griego Escílax de Cariandra en el siglo VI a.c. Muchos siglos después, se dirá que el propio San Pablo naufragó aquí, aunque es cierto que los nativos de Malta también se adjudican la anécdota histórica.

Vida natural y muy poca gente
Habitada por un millar de personas, Mljet no presume de su largo y esplendoroso pasado y en cambio se asoma al presente con la seguridad de ser un destino interesante, discreto y, sobre todo, de relax.
Quienes llegan a Mljet a través de Dubrovnik (hay una línea de ferry que recorre todas las localidades costeras y las conecta con las islas) tienen casi la “obligación” de recorrer en canoa una serie de playas semiescondidas ubicadas cerca del poblado de Polače.
Y si de sugerencias culinarias se trata, los nativos de esta región croata puede que le recomienden desde las anguilas del río Neretva hasta un flan muy dulce al que llaman “Rožata”. En cuanto a vinos, agende estos nombres: Dingač y Postup, Pelješac y Pošip.
Texto: Andrés Bacigalupo
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Vacaciones en la bahía perfecta
Publicado en Noviembre 18, 2009
Un entorno natural privilegiado y un resort con piscinas para todos los gustos convierten al pintoresco pueblo de Soufriere (en la isla caribeña de Santa Lucía) en un destino estupendo que conviene agendar.

Los paisajes, tanto los acuáticos como los terrestres, están todavía dominados por una naturaleza exuberante. Orquídeas gigantes, helechos tupidos que se confunden unos con otros, aves que sobrevuelan y una generosa variedad de especies de árboles. Esta es sólo una breve descripción de los bosques tropicales de Soufriere, el principal destino turístico de Santa Lucía después de Castries, la capital.

Soufriere, un pueblo armonioso y discreto de 7 mil habitantes, fue fundado por conquistadores franceses en 1736. Aquella huella gala, sin embargo, no perduró demasiado. Al igual que Barbados o Antigua y Barbuda, Santa Lucía cayó bajo la influencia de los británicos y esa vicisitud aún puede observarse en los edificios de estilo victoriano y en unas cuantas costumbres nativas.
La otra gran influencia cultural de Santa Lucía viene dada por los antiguos esclavos llegados de África. En la música, géneros como el reggae y el zouk reconocen su antecedente indirecto en las comunidades afrodescendientes.

Ideal para relajarse
Soufriere, en el margen occidental de la isla, posee algunas de las playas más estupendas del país. Ideal para combinar descanso y contacto con la naturaleza, la pequeña ciudad ofrece los atractivos del Jardín Botánico Diamond, con sus caminos sinuosos entre volcanes y el Parque Nacional de la Paloma, muy próximo a una antigua base militar británica.
Pero el paisaje predilecto que aman los viajeros es, indudablemente, la bahía. Casi todos los grandes hoteles se asoman a ella, dónde es posible practicar desde kayak hasta buceo. Los cruceros que recorren el Caribe también la visitan frecuentemente, sobre todo de enero a abril, la temporada ideal para conocer este diminuto país.
Jade Mountain, uno de los resorts más sofisticados de Soufriere, es especialmente recomendable por su fantástica variedad de piscinas, diseñadas por el arquitecto Nick Troubetzkoy. 24 de las 29 habitaciones poseen su propia pileta, algunas con conexión directa a las aguas del Caribe. Troubetzkoy ha sido también el responsable de ambientar el hotel en un estilo al que ha definido como “orgánico“, por la voluntad de respetar la concordancia entre el paisaje y la edificación.

Perfectos para los viajeros que desean distenderse, Soufriere en particular y Santa Lucía en general, tienen el plus del encanto natural y la garantía de una infraestructura hotelera a la que no le falta nada.
Texto: Andrés Bacigalupo
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Zen: diseño y armonía
Publicado en Junio 17, 2009
En arquitectura y diseño interior, el estilo Zen pretende crear entornos armoniosos y equilibrados, con el acento puesto en la distensión y el relax.

La mirada occidental hacia Oriente, y sobre todo a las tradiciones milenarias del “otro lado” del mundo, ha revalorizado entre otros aspectos al llamado Zen, una escuela de meditación cuyos orígenes hay que rastrearlos en el budismo de la India pero cuya fama tiene como epicentro a Japón.
En arquitectura, y desde ya en el diseño de interiores, el correlato “zen” se traduce en la búsqueda de ambientes armónicos y despojados, dónde precisamente el entorno juega un papel clave para promover la paz interior. El japonés Tokujin Yoshioka, uno de los principales íconos de esta corriente, materializa esas premisas en objetos y lugares casi ascéticos.
Lo cierto es que lograr un ambiente equilibrado requiere de una escasa pero acertada dosis de naturaleza, simplicidad y buen gusto. Espacios libres de toda obstrucción, maderas vírgenes sin barnizar y fibras naturales son algunas de las claves.
Bajo la inspiración de estos conceptos, Mansion Vitraux Boutique Hotel ha recreado en la habitación 201 una conjugación de los principales elementos de la filosofía Zen. Funcional y armoniosa, cada detalle respeta los principios del diseño y asegura un confort único.
Texto: Andrés Bacigalupo
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Mauricio, el destino idílico
Publicado en Junio 4, 2009
Una naturaleza impactante y la herencia de varias culturas convierten a esta isla del Índico en un verdadero paraíso para todos los sentidos.

Parece perdida en el medio del Océano y quizás eso hace olvidar a los viajeros que allí está. Enclavada entre Asia y África (aunque más próxima a este último continente), Mauricio es un archipiélago de sólo 2000 Km2 que encierra paisajes encantadores: playas anchas de arena fina y una vegetación sorprendente.
Una de las atracciones de la isla es el Jardín Botánico Des Pamplemousses, con su impresionante colección de nenúfares y su extensa variedad de especies autóctonas y foráneas. Las tortugas gigantes de Mauricio, también célebres, deambulan por las costas, para felicidad de los viajeros.

La historia y la cultura de la isla ejercen su parte de fascinación a los turistas. Templos hindúes y tamiles, costumbres gastronómicas con influencias chinas, dialectos que mezclan el francés con lenguas nativas. Por todos lados, se exhibe la enorme fusión cultural de Mauricio. En Port Louis, la capital, se recomienda visitar el Aapravasi Ghat, una de las primeras construcciones que los inmigrantes de la India levantaron al llegar a la isla.

The Oberoi
La fama que Estefanía de Mónaco dio a esta isla en los ´80 ha quedado como un simple recuerdo. En el Mauricio de hoy, existe una amplia oferta de hoteles de lujo y exclusivos resorts en las orillas más codiciadas.
Con 76 habitaciones (incluyendo las que están en 26 villas de lujo de 200m2), The Oberoi es uno de los mejores sitios para hospedarse en Mauricio. Simple y sofisticado, su arquitectura, muy cuidada, ofrece unos tejados de paja inspirados en las casas de la isla de Bali.

La oferta culinaria está a la altura de las circunstancias y se destaca una interesante variedad de vinos en la carta: desde franceses y californianos hasta australianos.
Idílico como destino de luna de miel, Mauricio invita al descubrimiento permanente pero también al romanticismo y el relax.

Texto: Andrés Bacigalupo
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Rústico, vanguardista y tropical
Publicado en Abril 20, 2009
Etnia Pousada, un hotel de diseño muy cerca de Porto Seguro, es el refugio ideal para quienes buscan relax en un ambiente que mezcla estilos foráneos y no olvida las raíces culturales de Bahía.

El agua cristalina, la fina arena y las palmeras de Bahía son los componentes inevitables de cualquier postal turística sobre el nordeste brasileño. Esos encantos naturales refuerzan el otro gran atractivo de la región: la fusión de las culturas afro y portuguesa que aquí, como en ningún otro sitio del país, se han enraizado profundamente en la vida popular. Esta es la región de los primeros carnavales, del candomblé y de Jorge Amado, el escritor brasileño más traducido a otros idiomas.
Porto Seguro, una de las perlas turísticas del nordeste, es una ciudad maravillosa y su entorno ha sido declarado por la UNESCO como Patrimonio Natural de la Humanidad.

Pero si hasta aquí no hemos contado nada nuevo, la nueva excusa para viajar a Bahía se llama Etnia Pousada, y es un hotel boutique en las cercanías de Trancoso, una rústica población ubicada 20 kilómetros al sur de Porto Seguro.
Etnia Pousada, que cuenta con 8 bungalows (cada uno decorado siguiendo líneas temáticas independientes) se presenta como una de las opciones más sofisticadas para (re)descubrir el exotismo de playas y selvas que se entrecruzan en el sur de Bahía.

Ya reconocido por expertos hoteleros de todo el mundo (entre ellos, Mr and Mrs Smith y el sitio Hip Hotels), el diseño de Etnia Pousada ha recreado en sus suites la armonía de ocho estilos nativos y globales : Tribal, Cottage, Goa, Kyoto, Transcoso, Marrocos, Mediterraneo y Gipsy.
Los servicios y amenities de Etnia están a la altura de las expectativas: exquisita gastronomía local y mediterránea y una larga lista de tratamientos antiestrés que van desde el shiatsu y el reiki hasta la terapia acuática (watsu) y el masaje ayurveda.
Valorando la hospitalidad a la par de una identidad estética propia, este hotel del nordeste brasileño identifica los principios que, también desde Mansion Vitraux hemos hecho propios: singularidad, sofisticación y pasión por el diseño.
Texto : Andrés Bacigalupo
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Condesa DF, México
Sol y relax en Cerdeña
Publicado en Marzo 18, 2009
Playas soñadas y la tranquilidad de una isla “antiestrés” que no tiene autopistas pero sí un hotel de diseño, La Coluccia, que se asoma a las aguas mansas del Mediterráneo.

El pasado de Cerdeña contiene los nombres de muchos de los pueblos que escribieron la historia de la humanidad en general y la de Europa en particular. Ubicada en un punto ineludible del Mediterráneo, los siglos han visto pasar a fenicios, romanos, cartagineses, árabes, españoles e italianos.
Todos estos pueblos surcaron sus costas con distinta suerte y fueron dejando una huella variable en esta hermosa y enorme isla que, aunque forma parte de Italia, no ha dejado de perder su propia identidad.
En su costa norte, una de las perlas de Cerdeña se llama Santa Teresa de Gallera. Se trata de un pueblo muy próximo a un paisaje soñado con playas de arena fina y aguas transparentes. Un entorno de tranquilidad y relax, ideal para quienes buscan la calma de un sol benigno y ningún tipo de recuerdo de la vida urbana.

Por ello, Cerdeña puede ser definida como una isla “antiestrés“, un refugio ideal para visitantes en busca de descanso. Las guías de viajes remarcan este punto. Una isla sin autopistas, con paisajes naturales encantadores y donde por increíble que parezca, es posible cruzarla de punta a punta en auto sin cruzarse con otro vehículo.
Un hotel de diseño en Santa Teresa

En nuestra búsqueda permanente de hoteles boutique por todas las latitudes, tenemos suerte también aquí y encontramos a La Coluccia, el hotel de diseño de la cadena TM, localizado en un aislado punto de la península del mismo nombre.
La Coluccia es un hotel de 45 habitaciones, clasificado como 4 estrellas y con una larga oferta de opciones pensadas para disfrutar del mágico escenario natural que lo rodea.
Además de acceso directo a la playa, se puede bucear, jugar al golf, navegar o recorrer los caminos de la zona en bicicleta. La infraestructura de La Coluccia es, además, lo suficientemente completa como para tentar a los más sedentarios a quedarse allí : tiene spa, centro de belleza propio, bares en el hotel y en la piscina y un restaurante propio con nutrido menú de alternativas.
Como les contamos a propósito de otros hoteles en Nueva Zelanda, Barbados o Tailandia, siempre las amenities de un hotel boutique potencian la calidad de la estadía del viajero. Es la misma filosofía que guía a Mansion Vitraux.




















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