Vuelta de página

Publicado en Abril 1, 2009

Alta calidad y un amplio abanico de imágenes exquisitas habitan en las páginas de los libros de Editorial Taschen. Los temas no remiten sólo al arte: las obras de Dalí o Picasso conviven con la cultura china actual o con el enorme catálogo de las mejores 1000 sillas de diseño.

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             Una historia visual de la cultura china de los últimos 60 años es una de las más recientes obras editadas por Taschen Books, la célebre casa editora alemana que ya lleva más de un cuarto de siglo en el mercado mundial.
              Han sido 25 años exitosos y Benedikt Taschen ha desmentido con su empresa no sólo que la era digital no “mató″ (ni matará) al libro impreso, sino que éste ha devenido en un objeto de consumo deseado por multitudes.

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           Benedikt no cree que Taschen tenga la fórmula de convertir cualquier cosa en arte, pero es probable que los lanzamientos de su firma sí estén acercando a muchos lectores a mundos estéticos y visuales que antes estaban vedados a grupos selectos.

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               Taschen no ha limitado su oferta al arte “consagrado“. Una lista ecléctica de sus ediciones incluye desde las obras de Salvador Dalí hasta el cine de Kubrick, pasando por sus extensos y logrados catálogos de diseños de interiores y hasta la biografía de una internauta devenida en estrella.
               Sobre viajes y lugares, basta nombrar algunas de sus publicaciones Living in Argentina, Living in Bahia o New York Interiors.
                  Pero Taschen ha encontrado (y creado) su propio nicho de seguidores para una serie de libros más atípicos, como las 320 páginas de 1000 Signs, una colección fotográfica de carteles viales de todo el mundo.

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                          En otra sintonía, la editorial ha lanzado recientemente Tom of Finland XXL, la compilación de un reconocido artista cuyas dibujos masculinos son todo un clásico para el mercado gay.
               Quien haya ojeado algún libro de Taschen ya puede reconocer el estilo impecable de otras ediciones, quizás el único denominador común entre la heterogénea materia de sus publicaciones.

Texto: Andrés Bacigalupo

Chateau Mouton Rothschild, o cuando el vino también es arte

Publicado en Febrero 15, 2009

Al frente de una de las bodegas más selectas del mundo, la baronesa Philippine de Rothschild mantuvo intacta la tradición familiar y cada año un reconocido artista diseña las etiquetas de las botellas.

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Una vez más volvemos a Burdeos y sus alrededores, cuna de las bodegas más prolíficas de Francia y el mundo y el lugar dónde la cultura enológica entrecruzó puentes con las más diversas expresiones del hombre.
En este caso, el celebrado vino en cuestión es el Chateau Mouton Rothschild, incluido desde 1973 en la categoría “prémier cru”. Se trata de un tinto con crianza de entre 18 y 22 meses en barricas de roble francés que además reúne en armonioso equilibrio las típicas variedades de uvas de la zona: Cabernet Sauvignon (77 por ciento), Cabernet Franc (12 por ciento) , Merlot (9 por ciento) y Petit Verdot (2 por ciento).
Pero hoy no hablaremos tanto de varietales como de arte. Puesto que desde el triunfo francés en la Segunda Guerra Mundial, el barón de Rothschild instauró para su bodega una tradición muy particular: cada año, la etiqueta de los vinos fue creada por artistas de gran renombre.

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El resultado no pudo ser mejor. Primero, porque fueron muy pocos los que dijeron “no”. Pero sobre todo, porque la lista de nombres incluyó a pintores y escultores como Salvador Dalí, Francis Bacon, Georges Mathieu, Marc Chagall, Pablo Picasso, Joan Miró (imagen de arriba), Georges Braque, Rufino Tamayo (imagen de abajo), Andy Warhol y Paul Delvaux, por citar sólo algunos.

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Texto: Andrés Bacigalupo
Más:
Burdeos en MV : Tierra de origen de la Carmenere
Además: Comentarios sobre el Chateau Mouton Rothschild 2001

Energía Pop

Publicado en Noviembre 30, 2008

Lúdico y vibrante, el brasileño Romero Britto no pasa desapercibido en ninguna galería. Despojado de prejuicios hacia “lo comercial” su arte pop sale de los museos, se sube a las marcas.. y vuelve a las exposiciones. Dónde verlo en Buenos Aires.


          “Un poco de alegría para un mundo tan complicado”. Esa fue toda la respuesta que recibió una periodista cuando le preguntó al artista brasileño Romero Britto qué pretendía transmitir mediante sus obras. El objetivo parece haberse cumplido con creces: animales alegres y coloridos, artilugios geométricos y una bocanada de energía dominan toda la obra de Britto, que vive en Miami desde 1987.
            Nacido en una familia humilde de Recife, desde muy chico Britto improvisó esculturas y dibujos con los materiales que tuvo a mano. Una beca le permitió estudiar abogacía pero no tardó en advertir que lo suyo tenía poco que ver con las leyes. Un tiempo después, la decisión de vender su auto y sus pinturas para viajar a Europa fue quizás su primer acierto. La inspiración en Picasso, Matisse y el graffiti hicieron el resto. La carrera de Britto ya había comenzado.
           Ajeno a los prejuicios que suelen rodear al “arte”, la primera llegada de este creativo al gran público vino de la mano de Absolut, la prestigiosa marca de vodka sueco que a esta altura también es famosa por el marketing provocador que rodea sus ediciones especiales. Lejos de renegar de su paso por el mundo publicitario, Romero Britto vio en Absolut la posibilidad de llevar su arte a mucha gente. “Nací en un país donde la gran mayoría de los habitantes no tiene acceso a los museos”, ha dicho el propio artista antes de celebrar la masividad de su obra.
          Después vendrían marcas como Pepsi, Apple y Volvo y su consumo sería también “moda” entre una ecléctica lista de famosos que incluye desde Giorgio Armani y la familia real de Suecia hasta Gloria Estefan, Bill Clinton y Elton John.


Más allá de Miami

            El sur de la Florida -segundo hogar de Britto- ha recibido del artista la mayor parte de sus últimas esculturas. En el parque de agua Grapeland, una gigantesca colección de sirenas, serpientes, caballos de mar y peces enormes impactan inevitablemente en los ojos de los miles de turistas diarios.
          Sin embargo, el sello de “artista pop comercial” (tres palabras que cierta crítica especializada promete no retirarle en muchos años) no ha confinado la obra de Britto sólo al entorno de Miami. Actualmente, sus obras pueden verse en cerca de 100 galerías de todo el mundo, desde Londres y Nueva York hasta Singapur y Amsterdam. En Buenos Aires, algunos trabajos suyos pueden disfrutarse en el espacio de arte Mazal de Palermo Soho. (La dirección es Costa Rica 4670).

Texto: Andrés Bacigalupo
Más:
Volvo design, by R.B

Chicago, una vez más

Publicado en Octubre 15, 2008

Sede de los edificios más altos del planeta. Sinónimo del jazz y cuna del soul. Clásica y vanguardista a la vez. Aunque Chicago nunca dejó de deslumbrar, ahora el Sax Hotel es la nueva excusa para volver.


            El jazz es originario de Nueva Orleans y los primeros edificios altos se asomaron bajo el sol de Nueva York. Pero Chicago, la tercera ciudad más grande de EE.UU, siempre ha sabido importar los logros de los demás para llevarlos a su máxima expresión.
        Es así como la Torre Sears y el John Hancock Center son dos de los edificios más altos del planeta. El primero, con 108 pisos le arrebató el primer puesto al World Trade Center neoyorquino en 1973.
      Algo similar puede decirse del jazz, un ritmo que la ciudad adoptó con fanatismo desde sus comienzos y que fue la música de aquellos locos años 20, verdadera época bisagra en que las nuevas tendencias desafiaron con éxito los antiguos mandatos sociales.
        Chicago, cosmopolita y enorme, es también la más multicultural de las urbes ubicadas al interior de Norteamérica. Al lado de la exuberancia arquitectónica de los rascacielos del Loop, conviven huellas de los más grandes artistas. La Miss Chicago de Joan Miró y un trabajo sin nombre de Picasso en la entrada del Daley Center tal vez sean los ejemplos más elocuentes.

Sax Hotel

            En las orillas del río Chicago y muy próximo al emblemático distrito de Loop se encuentra el complejo Marina City. Hogar del legendario House of Blues, Marina City es un dinámico centro comercial de marcas de lujo. Es también el sitio perfecto para encontrar un gran hotel como el Sax, que presume de sus 375 habitaciones y de su moderado estilo bohemio y europeo.
          Sax es probablemente el hotel boutique más grande del mundo y su diseño fusiona elementos provenientes de todas las culturas. El resultado es un vanguardismo firme (aunque no furioso) pero que constituye una excepción notable si se lo compara con las grandes cadenas hoteleras presentes en la ciudad.
      Los tres tipos de habitaciones son Cabin, Junior y One Bedroom, que varían notoriamente en tamaño y suman algunas amenities muy apreciadas.

Amenities tecnológicas

        La última de ellas -y una de las más elogiadas por los visitantes- es la llamada Microsoft Experience, un acuerdo entre el hotel y el gigante informático que ha dotado de amenities de alta tecnología a todo el establecimiento.
        En ese sentido, el Sax ha incorporado The Studio, un espacio donde confluyen las opciones más avanzadas en entretenimiento digital. The Studio incluye laptops, reproductores Mp3 Zune, consolas Xbox para juegos, televisores de alta definición, sonido surround y películas. Además, los servicios incluyen a un mayordomo capacitado para brindar soporte en caso de que los huéspedes tengan dudas sobre el manejo de los equipos.
        Con un sello cultural bien definido, acento cosmopolita y prioridades high tech para los que la elijan, Chicago promete un interesante equilibrio entre paseos, jazz y vida nocturna. El Sax Hotel se ocupa del resto.

Texto : Andrés Bacigalupo
Más :
Choose Chicago