Un siglo y medio con TAG Heuer
Publicado en Mayo 28, 2010
La firma suiza de relojes de alta gama celebra sus 150 años de historia lanzando al mercado el Pendulum Grand Carrera. Leonardo Di Caprio y la automotriz Tesla también hacen parte en los festejos.

Es una de las firmas insustituibles en el mercado mundial del lujo. Fue fundada en 1860 por Edouard Heuer y paulatinamente ganó prestigio al compás de sus desarrollos técnicos y del incontestable sentido de la oportunidad de sus impulsores comerciales.
Además de patentar su primer cronógrafo en 1882, Edouard Heuer supo que en el vínculo con el deporte y el automovilismo había oportunidades para no dejar pasar. Así, en 1911 ideó el primer cronógrafo para autos y aviones. Luego, en las Olimpíadas de 1920, 1924 y 1928 (Amberes, París y Ámsterdam, respectivamente) los cronómetros de su firma fueron los oficiales para todas las competencias.

En la década de 1960, con la firma plenamente consolidada, Heuer es absorbida por TAG y el nombre oficial de la marca queda tal como la conocemos hoy. Actualmente, el holding LVMH -que también posee Fendi y Givenchy- está a cargo de la compañía.

Di Caprio y Roadshow
Para festejar su siglo y medio de vida, TAG Heuer comenzó este mes con una serie de eventos y presentaciones comerciales extraordinarias. Primero, una pomposa fiesta con Leonardo Di Caprio como embajador oficial de la firma. Luego, ese mismo evento sirvió para la presentación del Pendulum Grand Carrera, el primer reloj con movimiento sin un espiral.
El aniversario será festejado además en alianza con la compañía automotriz Tesla, líder del mercado de vehículos eléctricos de alta gama. El fabricante diseñó el TAG Heuer Tesla Roadster, que ya fue presentado en el Salón del Automóvil de Ginebra.
Este estupendo vehículo es, además, el inseparable acompañante de una serie de exposiciones itinerantes que le mostrarán al mundo la vitrina con los mejores relojes de todos los tiempos. Esta exhibición finalizará en octubre de 2010 y habrá recorrido Tokio, Londres, Los Ángeles, Miami, Milán, Beijing, Moscú y Mónaco, entre otras ciudades.
Texto: Andrés Bacigalupo
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Prada a tus pies
Publicado en Noviembre 17, 2008
Nieta del fundador de la clásica marca italiana, Miuccia Prada no sólo renovó un imperio de casi 90 años con su estilo desenfadado. También impuso la línea Miu Miu, que incluye zapatos audaces que ganan fama a cada paso.
En los largos años que van de 1913 hasta fines de la década del ´70, Prada sostuvo su creciente renombre mundial asociada casi exclusivamente a las pieles y el cuero. Pero mucho antes de que Meryl Streep deslumbrara en El Diablo viste a la Moda (recordemos que el título original en inglés es The Devil wears Prada), la firma italiana ya era un imperio consolidado, aunque quizás con un exceso de sobriedad.
En 1978 el arribo de Miuccia Prada a la dirección general de la compañía comenzó a cambiar las cosas. Y aunque no fueron pocos los que dudaron de la idoneidad de una licenciada en Ciencias Políticas para liderar a un gigante de la moda, Miuccia (o “Miu Miu”, su apodo de pequeña) sorprendió a propios y extraños. Incursionó de lleno en la alta costura, compró Fendi (que después vendería al holding LVMH) y creó el sello de Miu Miu, una línea de accesorios que acabaría conquistando los deseos femeninos. Sobre todo, desde los pies.
En la última Semana de la Moda de París, las creaciones de Miu Miu impresionaron por su osadía. Flores, hadas, sedas, colores cálidos en tonos tenues y la sencillez de un diseño limpio y al mismo tiempo muy llamativo. El toque chic no estuvo ausente y tal como muestran algunas de las imágenes quedó representado por tacones altos y materiales como el terciopelo.
Más:
Modelos Miu Miu 2008
Texto: Andrés Bacigalupo
Gracias a Dior
Publicado en Octubre 27, 2008
Después de dejar su inconfundible huella en Givenchy, John Galliano fue nombrado como director creativo de Christian Dior, la famosa marca de LVMH, que creció notablemente desde su llegada.
La rivalidad anglo-francesa es, a estas alturas, poco menos que una nostalgia de otras épocas. Pasaron los siglos y el mundo cambió. Sin embargo, todavía hay cierto orgullo parisino que se resiste a aceptar el talento inglés. Ni que hablar cuando nos referimos al mundo de la moda, del cuál Paris es indudablemente su capital.
He aquí la primera osadía del diseñador John Galliano. En 1995, se convirtió en el primer creativo de origen británico en dirigir una firma de moda francesa.
Aquel fue su desembarco en Givenchy, que puede calificarse de muchas maneras, pero no ciertamente de sobrio. En esta casa francesa, Galliano hizo apuestas arriesgadas -tanto en alta costura como en prêt-à-porter- y mereció el aplauso de Bernard Arnault, el presidente del holding de lujo LVMH (propietario de la firma), quién aceptó el estilo Galliano de inmediato y le devolvió la apuesta con otro desafío : en 1997 lo propuso como diseñador de la legendaria Christian Dior.
A once años de aquel arribo, Galliano sigue trabajando incansablemente con Dior (al ritmo de seis colecciones por año) y tiene el mérito de no dejar de sorprender. Eso sí, a veces su transgresión lo pone al borde de provocaciones controvertidas, como cuando lanzó su desfile de Torture Couture.
Creer en Dior
Nada preanuncia una ruptura entre Dior y Galliano, pese a que el mundo de la alta moda guarda siempre unas cuántas intrigas y especulaciones cuando de alianzas se trata. De momento, Galliano cree en Dior (y a la inversa) y las cosas van de maravillas. El creativo inglés, nacido en Gibraltar en 1960, festejó el año pasado su década al frente de la marca con un desfile de inspiración japonesa.
Acostumbrado a dar sorpresas, en esa ocasión Galliano fue más minimalista de lo habitual y desplegó su desfile en un escenario despojado (sin pasarela y con el selecto público ubicado en pequeños pasillos íntimos). Hizo volar miles de mariposas de papel sobre las pieles de los invitados y recreó un juego de espejos en homenaje indirecto pero eficaz a la escena final de La Dama de Shangai, la película de Orson Welles.
El evento estuvo siempre adornado por el origami, el ancestral arte japonés de plegado en papeles. Así, pudieron verse vestidos-quimono que formaban milagrosas figuras y bordados de flores, pájaros y ramas por doquier. El lino y las sedas no fueron las telas excluyentes aunque sí las que más se lucieron. El complemento final fue el maquillaje a lo “kabuki”, capaz de transformar las caras de las modelos en máscaras ultra delicadas.
Galliano, con inconfundible bigote estilo Clark Gable, reservó su estrellato en pos de sus creaciones y no lució extravagancias demasiado discordantes. Raro, en alguien que se ha caracterizado como cowboy o astronauta para romper con humor cualquier regla no escrita en el métier de la alta costura mundial.
Texto: Andrés Bacigalupo
Más :
Galliano para Christian Dior
La Dama del Champagne
Publicado en Octubre 1, 2008
En esta historia no hicieron falta grandes hombres. Nicole Ponsardin, viuda de Clicquot, escribió ella sola una de las páginas más importantes del champagne y convirtió su nombre en sinónimo eterno de sofisticación y lujo.
Nicole Barbe-Ponsardin fue una mujer excepcional en el sentido más literal de la palabra. En primer lugar, porque logró que la Francia del siglo XVIII la identificara como mujer y como empresaria, en una época en que el mundo de los negocios sólo se conjugaba en masculino singular. Pero sobre todo, porque su habilidad convirtió una pequeña bodega de Reims (Francia) en un imperio de sofisticación y exquisitez cuya influencia perdura hasta hoy.
Casada en 1798 con Francois Clicquot, Nicole no era mucho más que la sombra de su marido hasta que éste falleció en 1805. Pero esa muerte, lejos de opacarla, hizo nacer en ella una emprendedora formidable. Tenía entonces 28 años y seguramente nunca imaginó que la viudez borraría su sabor amargo para reencarnar dos siglos más tarde en las inconfundibles etiquetas amarillas de Veuve Clicquot (veuve significa “viuda” en francés), uno de los champagnes más exclusivos del mundo.
Los méritos empresariales de Nicole y su obsesión por producir champagne de alto nivel (su lema era “Una sola calidad, la mejor”) abrieron mercados insospechados para el modesto negocio heredado de su esposo. Y aquí viene la tercera excepción de Nicole Ponsardin: aún viviendo bajo el clima antimonárquico que se respiraba tras la Revolución Francesa, logró conquistar los paladares de la nobleza con los espumantes de su bodega. Gracias a ella, las palabras aristocracia y champagne quedaron enlazadas de un modo único.
El éxito de Madame Clicquot nació de su notorio ímpetu comercial (que la animó incluso a exportar botellas de champagne a Rusia en los peores momentos de la guerra franco-rusa de 1814) pero se sostuvo sobre todo por su dedicación al proceso de elaboración. Porque finalmente donde más se advirtió su talento fue en las copas mismas. Tal como señala Cécile Bonnefond, la actual presidenta de Veuve Clicquot, antes de la llegada de Nicole “el champagne era un vino turbio y dulzón que había que decantar para quitar los sedimentos y, en esa operación, perdía la mitad de las burbujas y de la gracia”. La dama del champagne convirtió aquello en un recuerdo olvidable y el sello de la perfección y la calidad no fueron excepción, sino regla.
La Grande Dame
Aún hoy, el legado de Madame Clicquot impregna toda la compañía, desde los viñedos hasta la filosofía corporativa de la empresa, que desde 1996 pertenece al holding de lujo LVMH. Pero el mejor homenaje a ella es bien concreto. Se llama La Grande Dame y es el Cuvée de prestigio de la marca. Tiene un 64% de Pinoit Noir y 36% de Chardonnay. Eso sí: toda la uva procede de los ocho Grands Crus* de Reims y luego el assemblage es sometido a una prolongada crianza.
Por suerte, su delicado sabor y su textura levemente frutal no consiguen opacar a las otras variedades de Veuve Clicquot. Allí están el VC de etiqueta amarilla (con assemblage de distintos añadas), Demi Sec (con uvas Pinoit-Noir y Pinoit-Menier), Vintage Réserve, Rich Réserve y Rosé Réserve.
La singularidad de cada uno de ellos se preserva desde las elecciones realizadas en la primera etapa: premier crus o grand crus, Chardonnay o pinoit-meiner, distintas añadas o una sola. Esos selectos procedimientos hacen único a cada uno de ellos y también a Veuve Clicquot, el sueño cumplido de una mujer inigualable que lleva 200 años en boca de los más distinguidos.


























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