Reyjavik, la ciudad inesperada
Publicado en Junio 27, 2009
He aquí un destino diferente por donde se lo mire: una capital de pocos edificios, fría pero acogedora y con el orgullo de ser uno de los mejores lugares del mundo para vivir.

Dos mil kilómetros al oeste de Londres y cuatro mil kilómetros al este de Nueva York. En el medio, la capital de un país tan pequeño como próspero comienza a atraer las miradas de los viajeros de ambos lados del Atlántico. Es la única ciudad importante de Islandia y allí también es posible encontrar un hotel boutique de esos que nos gusta conocer en MV Experiencias.
Fundada por noruegos en el año 870, tuvieron que pasar más de mil años para que Reyjavik se convirtiera en la capital de Islandia, en 1944. La ciudad, eso sí, conserva los rasgos de un pueblo: menos de 200 mil personas viven en ella y a su clásico cielo gris no lo tapa ningún rascacielo.

Esta simpleza, sin embargo, no es sinónimo de aburrimiento. Una intensa vida cultural ha convertido a la patria de la cantante Bjork en un destino apasionante. La eligen quienes buscan cambiar las ruidosas urbes europeas por un poco de bohemia, sobre todo en los meses de mayo y junio, cuando se realiza el Reykjavik Art Festival, un evento multicultural que se realiza cada año desde 1970.

101 Hotel
Si el ranking de la ONU colocó a este país como el mejor del mundo en calidad de vida, sería raro que su infraestructura hotelera no estuviera a la altura de las circunstancias.
Uno de los más sofisticados hoteles es el 101 Hotel de Reyjavik. Posee 38 habitaciones, todas con diseños sobrios y minimalistas y es el lugar ideal para los amantes del arte, que sabrán apreciar las periódicas exhibiciones que se realizan en el lugar. Y es que muchos artistas islandeses eligen mostrar en el 101 sus mejores trabajos.
Definido como “elegant-eurochic”, 101 Hotel parece combinar perfecto con el encanto una ciudad magnífica y al mismo tiempo, poco pretensiosa.

Texto: Andrés Bacigalupo
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Fuentes Wallace, emblemas parisinos repartidos por el mundo
Publicado en Junio 24, 2009
El filántropo inglés Richard Wallace les dio su nombre. Pero la historia de cómo estas fuentes urbanas se expandieron por el mundo, sigue sumida en un profundo misterio.

¿Qué podrían tener en común ciudades como Río de Janeiro, Montreal, Barcelona, París y Amman? En principio, sus patrimonios arquitectónicos remiten a culturas distintas y sus climas y paisajes son bien diferentes.
La respuesta está en un peculiar mobiliario urbano: las llamadas fuentes Wallace. Aunque los primeros ejemplares fueron creados por el francés Charles Le Bourg -un escultor originario de Nantes- la fama se la llevó su principal difusor: Richard Walllace.
Wallace, un noble inglés muy implicado en la convulsionada realidad francesa del siglo XIX, las obsequió a los burgueses parisinos como un símbolo de amistad y apoyo. No era una buena época para la ciudad Luz: las guerras napoleónicas y los incidentes internos (como los de la Comuna de 1871) habían dejado a la urbe en estado preocupante.

Más allá del ornamento, las fuentes de agua cumplieron el propósito fundamental de proveer del vital líquido a miles de transeúntes parisinos y fue un tal Eugène Belgrand el encargado de esparcirlas estratégicamente por toda la ciudad, de manera de facilitar el acceso a tanta gente como fuese posible.

En Francia y fuera de Francia
Con los años, distintos modelos de fuentes Wallace llegaron al resto de Francia, a ciudades como Nancy, Montpellier, Burdeos y Besançon. En ocasión de la Feria Mundial de 1889, también se donaron algunos ejemplares a Barcelona.
Mucho más enigmático es el trayecto que llevó a muchas fuentes Wallace a ciudades de Brasil, Canadá, Jordania, Mozambique, Israel y Suiza.
El modelo más emblemático de estas fuentes es aquel en el que cuatro cariátides sostienen la fuente propiamente dicha. Y aunque a primera vista las figuras femeninas parecen idénticas, cada una posee un rasgo distintivo simbolizando la bondad, la simplicidad, la sobriedad y la caridad.
Texto : Andrés Bacigalupo
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Zen: diseño y armonía
Publicado en Junio 17, 2009
En arquitectura y diseño interior, el estilo Zen pretende crear entornos armoniosos y equilibrados, con el acento puesto en la distensión y el relax.

La mirada occidental hacia Oriente, y sobre todo a las tradiciones milenarias del “otro lado” del mundo, ha revalorizado entre otros aspectos al llamado Zen, una escuela de meditación cuyos orígenes hay que rastrearlos en el budismo de la India pero cuya fama tiene como epicentro a Japón.
En arquitectura, y desde ya en el diseño de interiores, el correlato “zen” se traduce en la búsqueda de ambientes armónicos y despojados, dónde precisamente el entorno juega un papel clave para promover la paz interior. El japonés Tokujin Yoshioka, uno de los principales íconos de esta corriente, materializa esas premisas en objetos y lugares casi ascéticos.
Lo cierto es que lograr un ambiente equilibrado requiere de una escasa pero acertada dosis de naturaleza, simplicidad y buen gusto. Espacios libres de toda obstrucción, maderas vírgenes sin barnizar y fibras naturales son algunas de las claves.
Bajo la inspiración de estos conceptos, Mansion Vitraux Boutique Hotel ha recreado en la habitación 201 una conjugación de los principales elementos de la filosofía Zen. Funcional y armoniosa, cada detalle respeta los principios del diseño y asegura un confort único.
Texto: Andrés Bacigalupo
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Mi pequeño reino animal
Publicado en Junio 15, 2009
La escultora argentina Celina Saubidet presentó una larga serie de animales apócrifos que desnudan miedos pero no los provocan.

Celina Saubidet es una joven escultora argentina cuyos trabajos dan que hablar en el mejor sentido de esta expresión. En 2004 y 2005, se inspiró en los huesos del cuerpo para dar forma a algunas de sus obras y el resultado, lejos de catalogarla como “freak” (palabra que por otra parte ya no califica seriamente a nadie) le valieron el reconocimiento y la admiración de quienes empezaban a conocerla.
Una serie de joyas y alhajas a partir de las formas óseas no tenían por objetivo horrorizar a nadie. “Mi idea es quitarles a los huesos el sentido que los relaciona con la muerte y hacer foco en la perfección de sus diseños“, declaró la artista por esa época. Simultáneamente, Saubidet materializaba la misión de “estetizar lo siniestro“, leit motiv que la acompaño también en su última presentación.

“Tratado de los animales ocultos“, que pudo verse hasta el mes pasado en Elsi del Río (Arévalo 1748) es una colección de animales apócrifos, deformes pero agradables, siniestros en cierta forma y muy inocentes en alguna otra.
Aunque este impensado reino animal, en el que coexistieron combinaciones zoológicas muy originales (avestruz con elefante, por ejemplo) ya no está en exhibición, desde MV Experiencias lo compartimos con ustedes, esperando la próxima oportunidad para acercarnos a Saubidet. Y a los paisajes imposibles que surgen de su arte.
Texto: Andrés Bacigalupo
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Los netsukes de Bosshard
Ferré, todo un símbolo
Publicado en Junio 13, 2009
La próxima semana se cumplirán dos años de la muerte de Gianfranco Ferré, el diseñador italiano cuya sofisticación renovó antes que nadie a la moda mundial.
Fue un de los más altos representantes de la moda mundial. Tenía su propia firma cuando en 1989 decidió su incorporación a Christian Dior, marca para la que diseñaría algunas de sus prendas más extravagantes. La crítica lo hizo retomar el estilo Dior más clásico: mucho encaje y líneas ajustadas al cuerpo.
En 1996, su alejamiento de Dior le dio el lugar a John Galliano, otro de los íconos de la moda, del que ya hemos hablando en este blog.

Tras su muerte en 2007, la línea femenina de la compañía de Ferré quedó a cargo de Tommaso Aquilano y Roberto Rimondi. Aquí, compartimos algunos de los más celebrados diseños de Ferré pero en moda masculina, una línea dominada por la ropa ceñida, los colores degradados y la combinación de materiales como lana, denim y piel.

Texto: Andrés Bacigalupo
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Un hotel posmoderno en el corazón de Europa
Publicado en Junio 11, 2009
Ubicado en pleno casco histórico de Munich, el Anna Hotel sorprende con su diseño ultramoderno y la variada oferta de sushi de su lujoso restaurante.

Iglesias renacentistas y una larga lista de museos muy afamados se reparten por la geografía de la tercera ciudad más poblada de Alemania. Ese pasado glorioso convive con el perfil cosmopolita de una urbe con un millón y medio de habitantes que ha sabido potenciar su estratégica ubicación en el centro de Europa. Cervecerías y mercados tradicionales se suceden en el ecléctico paisaje con rascacielos notables, sedes de algunas de las compañías germanas más famosas, como BMW o Siemens.

Los viajeros no deberían perderse al menos tres circuitos; la cervecería Hofbräuhaus (fundada en 1589 y dónde hoy se puede degustar una auténtica cerveza tradicional o de la no menos famosa cerveza negra Dunkel), el mercado de Viktualienmarkt (muy buscado entre quienes desean probar las delicias de la gastronomía regional) y la puerta de Karlstor, el vestigio histórico que aún nos recuerda el pasado de Munich como ciudad medieval amurallada.
Desde Karlstor, que sirve como límite a la ciudad histórica, se puede llegar rápidamente al Anna Hotel, un original hotel de diseño elogiado, entre otros, por los expertos en hotelería Mr.and Mrs.Smith.

Con 73 habitaciones y un estilo de decoración posmoderno, el Anna está considerado entre los 100 mejores hoteles del Viejo Continente. Su ambientación combina tonos cálidos y afables con lo último en amenities tecnológicas.
En cuanto a lo gastronómico, Anna ofrece la tradicional cocina de Europa Central pero también una notable variedad en sushi; uramaki, hosomaki, nigiri y otras tantas alternativas posibles.
La experiencia promete así la equilibrada combinación de turismo histórico con el espíritu del siglo XXI.





















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