Confort y estilo tecno: habitación 205
Publicado en Agosto 15, 2009
Quizás una de las mayores virtudes de los hoteles boutique sea la posibilidad de elegir la habitación que más se adapta a nuestro viaje, a nuestro ritmo y a nosotros mismos.

Somos viajeros, turistas, visitantes. Recorremos ciudades y pueblos, cruzamos océanos y nos subimos a aviones. Y, muchas veces, al arribar a destino, ya en el aeropuerto nuestra mente comienza a imaginarse el hotel. Y sobre todo, la habitación.
No es un dato menor. El confort, la inspiración y el relax que ese ansiado cuarto de hotel nos brinde pueden ser la clave para que toda la aventura del viaje salga como lo deseamos.

Para quienes eligen los hoteles boutique, sea en Buenos Aires o en cualquier otro destino, encontrarse con una habitación a gusto es un dato fundamental. Es como hacer una traducción personal de quienes somos y del viaje que estamos haciendo. Así por ejemplo, un hombre de negocios priorizará aquellas habitaciones funcionales en hoteles que garanticen wi-fi y una ubicación próxima a la zona business de la ciudad en cuestión. Y, por el contrario, quienes escapen de rutinas ajetreadas, escogerán espacios armoniosos, con diseños que inviten al descanso corporal pero también mental.
En Mansion Vitraux lo sabemos por experiencia propia. Nuestros huéspedes, sin importar su nacionalidad, llegan con su propia historia y sus propios planes para el viaje. Lo único que necesitan decidir es dónde van a sentirse un poco mejor y cuál es la habitación que más se ajusta a sus deseos.
Habitaciones y estilos
En ocasiones anteriores, hemos hablado de las habitaciones 104 y 201. Hoy es el turno de la habitación 205.
Colores vívidos y una ambientación tan armónica como funcional definen a esta habitación, en la que los diseñadores han considerado la luz como un objeto más entre los otros. El resultado es una atmósfera vibrante y sobria a la vez, un interesante juego de contrastes entre la tecnología de hoy y las paredes de la antigua mansión, que data del siglo XIX.
Texto: Andrés Bacigalupo
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104 - 201
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Granada, entre lo viejo y lo nuevo
Publicado en Julio 8, 2009
Hospes Palacios de los Patos, un hotel que combina la modernidad con la historia, es una síntesis perfecta de esta ciudad española envuelta por su pasado árabe y medieval.

Dicen que uno de los mejores rincones para recorrer en la ciudad de Granada (434 kilómetros al sur de Madrid) es el barrio Al Albayzín. Entre callejuelas muy estrechas y aljibes de varios siglos, la atmósfera revive como pocas la huella de los musulmanes en España. Esta presencia -vale la pena recordarlo- duró algo más de siete siglos.
En Al Abayzín, se erigió la primera corte musulmana en el siglo XI (la sirí) y se construyeron decenas de mezquitas. La Reconquista destruyó muchas de ellas y las reemplazó por iglesias católicas. Hoy la convivencia arquitectónica de unas y otras se descubre en algunas zonas, tanto de Albayzin, como de toda Granada.

Llegando al área central de Granada desde ya que es imposible dejar de visitar a la célebre Alhambra. Considerada Patrimonio Cultural de la Humanidad desde 1984, esta antigua ciudadela y palacio simboliza la cumbre del arte islámico. Fue propuesta para integrar a las Nuevas Maravillas del Mundo, pero no tuvo éxito.

Hospes Palacio de los Patos
Los visitantes de Granada pueden encontrar en este hotel la síntesis de lo nuevo y lo viejo. El establecimiento consta en verdad de dos edificios: el Palacio de los Patos propiamente dicho, restaurado a partir de un palacete del siglo XIX y la construcción más moderna. Los sectores no difieren en mucho: el diseño es muy cuidado en ambos casos y las habitaciones -42 en total- son amplias y ofrecen privacidad.
Palacio de los Patos ofrece también un excelente spa.

Texto: Andrés Bacigalupo
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Ampudia (Palencia)
Mauricio, el destino idílico
Publicado en Junio 4, 2009
Una naturaleza impactante y la herencia de varias culturas convierten a esta isla del Índico en un verdadero paraíso para todos los sentidos.

Parece perdida en el medio del Océano y quizás eso hace olvidar a los viajeros que allí está. Enclavada entre Asia y África (aunque más próxima a este último continente), Mauricio es un archipiélago de sólo 2000 Km2 que encierra paisajes encantadores: playas anchas de arena fina y una vegetación sorprendente.
Una de las atracciones de la isla es el Jardín Botánico Des Pamplemousses, con su impresionante colección de nenúfares y su extensa variedad de especies autóctonas y foráneas. Las tortugas gigantes de Mauricio, también célebres, deambulan por las costas, para felicidad de los viajeros.

La historia y la cultura de la isla ejercen su parte de fascinación a los turistas. Templos hindúes y tamiles, costumbres gastronómicas con influencias chinas, dialectos que mezclan el francés con lenguas nativas. Por todos lados, se exhibe la enorme fusión cultural de Mauricio. En Port Louis, la capital, se recomienda visitar el Aapravasi Ghat, una de las primeras construcciones que los inmigrantes de la India levantaron al llegar a la isla.

The Oberoi
La fama que Estefanía de Mónaco dio a esta isla en los ´80 ha quedado como un simple recuerdo. En el Mauricio de hoy, existe una amplia oferta de hoteles de lujo y exclusivos resorts en las orillas más codiciadas.
Con 76 habitaciones (incluyendo las que están en 26 villas de lujo de 200m2), The Oberoi es uno de los mejores sitios para hospedarse en Mauricio. Simple y sofisticado, su arquitectura, muy cuidada, ofrece unos tejados de paja inspirados en las casas de la isla de Bali.

La oferta culinaria está a la altura de las circunstancias y se destaca una interesante variedad de vinos en la carta: desde franceses y californianos hasta australianos.
Idílico como destino de luna de miel, Mauricio invita al descubrimiento permanente pero también al romanticismo y el relax.

Texto: Andrés Bacigalupo
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En el Caribe Sur
Publicado en Febrero 28, 2009
A sólo 3300 kilómetros al norte de Buenos Aires la isla de Barbados, antes una colonia británica, recibe viajeros ansiosos de visitar sus playas de arena blanca y descifrar los misterios de una costa muy rica en vida submarina.

Debieron quedar fascinados los primeros ingleses que llegaron a Barbados en el siglo XVIII. Por empezar, porque se encontraron con una isla muy favorecida por la cálida temperatura del trópico. Pero también porque la encontraron totalmente deshabitada: sus antiguos pobladores (los indios “caribes“) habían emigrado o habían sido capturados por navegantes españoles, que no prestaron demasiada atención a la pequeña y solitaria Barbados.
Hoy es la principal isla del Caribe Oriental y una de las más próximas a Sudamérica (menos de 600 km desde Caracas). Una serie de inversiones turísticas fenomenales la han transformado en un imán para miles de viajeros. Además, desde su Aeropuerto Grantley Adams -el de mayor tráfico de la región- es posible combinar vuelos hacia otras Antillas igualmente codiciadas: Guadalupe, las Islas Vírgenes o Curacao. Pese a ello, la isla aún conserva cierto perfil bajo en el turismo internacional.

Aunque posee sólo 34 kilómetros de costas, Barbados encierra un paisaje variado: montañas y playa se confunden en ciertas zonas y sus pequeñas ciudades -ninguna sobrepasa los 100 mil habitantes- se caracterizan por el sello colonial de la arquitectura británica. En Bridgetown, la capital, es recomendable pasear por la Broad Street y probar toda la variedad de frutos tropicales que ofrecen los lugareños.

Si se trata de encontrar un hospedaje de buen nivel, una de las opciones es ir hacia el norte de la isla, en el límite de las parroquias de St.Peter y St.Lucy. Allí se encuentra Little Good Harbour, un conjunto de pequeñas villas privadas diseñadas para disfrutar del paisaje de Barbados con intimidad y exclusividad.
Little Good Harbour consta de cuatro tipos de villas, cada una con la cantidad de dormitorios requerida según el viajero. Además, la carta de su restaurante es variada y destacan algunas particularidades como la ensalada Caesar con Camarones tostados a la parrilla con queso cheddar.

Bajo el mar
Por último, no ha viajado a Barbados quién no se haya animado al buceo. Dueña de algunos de los paisajes submarinos más bellos del mundo, Barbados ha sabido dar provecho a esta actividad y su costa occidental se encuentra prácticamente sellada con arrecifes de coral.
Placer sobre la tierra y debajo de ella. Otra experiencia que sin duda recomendamos.
Texto : Andrés Bacigalupo
Además, Little Harbour según Mr. and Mrs Smith
Más / Distancias directas a Barbados
Desde Buenos Aires: 3294 km
Desde Londres: 4208 km
Desde Madrid: 3851 km
Desde Miami: 1596 km
Desde New York: 2097 km
Tres países muy cerca
Publicado en Enero 28, 2009
En la ciudad holandesa de Maastricht, es posible pasar una estadía de lujo en un castillo del siglo XII y en cuestión de minutos partir rumbo a Bélgica y Alemania.

Lieja (Bélgica) y Aquigsrán (Alemania) son las ciudades “mellizas” de Maastricht, una urbe holandesa de apenas 125 mil habitantes, pero cuya fama cosmopolita y dinámica ha trascendido más allá del Viejo Continente. En rigor de verdad, pareciera que forman una única ciudad “trinacional”, y las fronteras importan poco. Nada más cierto aquí, pues fue el lugar elegido en 1992 para firmar el tratado que dio forma a la Unión Europea, que hoy ya tiene 27 países.

Su gran oferta gastronómica, su estilo de vida pujante y dinámico y la cantidad de visitantes que la recorren todo el año han a Maastricht convertido en “la menos holandesa” de las ciudades del país. Lo que se dice un sello de identidad muy singular.
Le sobran atracciones de toda clase pero destacan especialmente su Museo de Historia Natural (con colecciones de Geología, Paleontología, Flora y Fauna) y el Museo Bonnefanten, de arte moderno. En este último, podemos encontrar desde colecciones de Arte Povera Italiano hasta obras reconocidas del minimalismo estadounidense.

La oferta hotelera en Maastricht está a la altura de la demanda y puede satisfacer incluso a los huéspedes más exigentes. A 10 kilómetros del centro de la ciudad, el Château St. Gerlach, anclado en una finca rural que data del siglo XII, sorprende con su impresionante entorno natural y sus no menos apreciados amenities.
Perteneciente a la cadena Small Luxury Hotels of the World, el St. Gerlach posee 112 habitaciones, piscina cubierta, sauna y baño turco. Además, su ambientación reúne un mobiliario original, tejidos artesanales venecianos y sedas de motivos varios, lo que conjugan un entorno cálido y armonioso.
En el restaurante del St. Gerlach, quienes vengan desde París no notarán mucha diferencia. La gastronomía está inspirada en lo mejor de la alta cocina francesa.





















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