Macy´s, el templo neoyorquino de las compras
Publicado en Julio 11, 2010
El símbolo comercial de la Gran Manzana se consolida año a año y gana las preferencias de norteamericanos y extranjeros por igual. En noviembre se luce, además, a través de un desfile con sello propio.

Hace más de un siglo que un edificio de 11 plantas atrae las miradas de todos aquellos que caminan por la calle 34, entre la Séptima Avenida y Broadway Avenue. Se trata de los Almacenes Macy´s, un auténtico icono neoyorquino que desata, por igual, el fervor consumista de turistas y norteamericanos.
Fundada en 1858 en Cincinatti, la cadena desembarcó en la Gran Manzana en 1902 y rápidamente se convirtió en un símbolo de compras. Con un abanico de productos que incluye desde calzado y muebles hasta joyas y productos para el hogar, Macy´s es uno de los epicentros en las fechas de más intenso consumo: Navidad y Día de Acción de Gracias (Thanksgiving).
Precisamente para esta última ocasión, Macy´s organiza anualmente un desfile -el cuarto jueves de noviembre- en el que se destacan los personajes armados en base a globos inflados con helio. A lo largo de los años, este imponente evento ha visto pasar a una veintena de iconos infantiles como Shrek, Snoopy y Hello Kitty. Esta centralidad de los personajes para niños estuvo presente ya en 1927 -primer año en que se realizó el Macy’s Thanksgiving Day Parade- con la figura del legendario Gato Félix.

Info para viajeros
Además de ser un punto ineludible para la fiebre consumista norteamericana, los almacenes Macy´s atraen a viajeros de todo el mundo, que encuentran muy práctica su ubicación (está a metros del emblemático Empire State).
Teniendo presente esta afluencia, Macy´s ha ideado un pasaporte turista con descuentos de hasta el 11% en alrededor de medio millón de artículos. Como para facilitar la tentación.

Texto: Andrés Bacigalupo
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Denali Star, el mejor modo de conocer Alaska
Publicado en Mayo 24, 2010
Montes nevados y espesas arboledas se suceden continuamente en el trayecto que une Anchorage y Fairbanks. El viaje está considerado como una de las mejores experiencias para vivir a bordo de un tren.

La ciudad de Anchorage, la mayor del estado de Alaska, es moderna y a la vez discreta. Posee unos cuántos edificios altos en su downtown y más atracciones turísticas de lo que podría pensarse a primera vista. Con casi 300 mil habitantes, la urbe se jacta de poseer modernos museos y centros culturales. Algunos de los puntos recomendables en Anchorage son el Museo Imaginarium, con sus prometedoras experiencias de ciencia ideales para niños, y el Alaska Native Heritage Center. Este último centro, inaugurado en 1999, funciona como una auténtica ventana a la cultura de los pueblos originarios de Alaska. Se sorprenderá de la rica herencia artística que dejaron las innumerables tribus.

El descubrimiento de la naturaleza indómita de Alaska no puede hacerse en un museo. Aquí, indudablemente la mejor opción es abordar el Denali Star Train. Este ferrocarril une los 600 kilómetros que separan Anchorage de Fairbanks, modesta pero pintoresca ciudad ubicada a los pies del Parque Nacional de Denali.
El recorrido permite maravillarse con una sucesión de paisajes que parecen pintados: profundos cañones, picos nevados, bosques espesos y ríos de distinto caudal. Luego, a 185 kilómetros de Anchorage el tren se topa con el pintoresco pueblo de Talkeetna, minúsculo caserío en el que no viven más de un millar de personas.
El pueblo, sin embargo, tiene varios encantos. Es el primer sitio desde dónde se contempla con claridad el majestuoso Monte McKinley (punto más alto de Norteamérica) y es también un santuario privilegiado para observar aves pequeñas y no tanto.

La travesía continúa luego en Denali (desde dónde se puede acceder tanto al parque nacional como al parque estatal homónimos) y finaliza en Fairbanks. Allí se puede visitar, entre otros puntos El Dorado Gold Mine, antigua mina que evoca la fiebre de oro vivida por este estado. Esa “fiebre” arrastró a muchos aventureros a pisar esta tierra de inviernos intensos y bosques macizos.
Hoy, Alaska convence a los turistas de que posee otra clase de tesoros igualmente valiosos.
Texto: Andrés Bacigalupo
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Cuatro cosas para hacer en Denver
Publicado en Abril 19, 2010
Museos, parques temáticos, compras y hasta una ciudad en miniatura. La capital de Colorado continúa siendo un destino más que interesante para quienes viajan a EE.UU.

Atractiva por múltiples razones y también fácil de llegar. Estas dos razones son frecuentemente mencionadas por los agentes de turismo a la hora de explicar el creciente éxito de Denver como destino para miles de viajeros. Efectivamente, la capital de Colorado (más de 2,5 millones de habitantes) recibe vuelos sin escalas desde plazas importantes como Londres, México y Frankfurt. Y lo de las atracciones, como se verá, tiene su sustento.
Parques temáticos y naturaleza
En esta categoría, resulta casi ineludible pasar por el Butterfly Pavilion & Insect Center. Se pueden apreciar cientos de mariposas, todas muy de cerca (como para tomar espléndidas fotografías). Igualmente recomendable, aunque por otras razones, es el Six Flags Elitch Gardens Theme Park. Aquí las bellezas naturales se combinan con juegos acuáticos para todas las edades. En el zoo de Denver, uno de los mejores del continente, lo más llamativo es la posibilidad de ver a los osos polares nadando.

Mundo diminuto
Quien viaja con niños a Denver no puede dejar de conocer “Tiny Town”, la réplica en miniatura de una ciudad que recupera las tradiciones del Lejano Oeste. A esta pequeña urbe la construyó el excéntrico George Turner como regalo para su hija en 1920. Dispone de un tren infantil para atravesarla.
Distrito para el shopping
En Denver, las mejores tiendas (por variedad y calidad) se ubican en Cherry Creek. Las opciones incluyen marcas como Cartier, Fifth Avenue, Steve Madden Abercrombie, Eddie Bauer, Zales y Calvin Klein.

Arte de todos los tiempos
El Museo de Arte de Denver impresiona incluso antes de entrar. Sus recientes modificaciones, a cargo de Daniel Libeskind, han duplicado su superficie con la idea de albergar más colecciones de arte contemporáneo. Entre lo más destacado de su colección permanente; arte africano, arte europeo (”El puente de Waterloo” de Monet, por ejemplo), colecciones precolombinas y un buen número de artistas estadounidenses actuales como Robert Colescott y Sandy Skoglund
Otras opciones en museos son el Kirkland (arte decorativo del siglo XX) y el Colorado History Museum.
Texto: Andrés Bacigalupo
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Kerouac: literatura y viajes en la Ruta 66
Publicado en Abril 8, 2010
Hace sesenta años, Jack Kerouac abría sin saberlo el camino de la Generación Beat y, de paso, contribuía a mitificar la carretera más emblemática de EE.UU.

Seis décadas atrás, Jack Kerouac trabajaba intensamente en la escritura de un libro que se volvería un clásico: “On the Road” (En el Camino). La historia, en realidad una suma de historias rescatadas tras largos viajes por todo EE.UU, no pretendía “reflejar” la realidad folclórica de la Norteamérica rural. Ni siquiera perseguía fines documentales.
On The Road, ficción de estilo caótico si se quiere (está escrita al ritmo del “kickwriting”), es más parecido a un viaje interior y exterior. Kerouac huye de Massachusetts tanto como de la regularidad esquemática que se esperaba de cualquier texto narrativo en la década del ´50. El ritmo furioso de su prosa y la influencia del jazz y la poesía se potenciaron en este autor de una manera impertinente. Y eficaz.
En su época, Kerouac quizás fue demasiado “antisistema” como para ser aceptado masivamente (de hecho, la editorial que publicó su libro en 1957 hizo varios “cortes”). Sin embargo, las décadas que siguieron -los ´60 y la revolución hippie- demostraron que Kerouac (tanto como William Burroughs y Allen Ginsberg, también integrantes de la Generación Beat) era ante todo un pionero.
La Ruta 66
Kerouac fue uno de los que mejor radiografió a la “América profunda”, esa que no tenía -ni tiene- demasiado que ver con los rascacielos neoyorquinos. Para ello, la Ruta 66 se convirtió en un itinerario descriptivo de moteles de mala vida y peor muerte, andanzas, agricultores, inmigrantes y emigrantes. Todo parecía confluir a la vera de esa carretera.
El autor se sumó así a otros artistas (como John Steinbeck, de Las uvas de la ira) que ensalzaron el mito de una ruta por la que desfilaron casi todos aquellos que quisieron “probar suerte” en el Oeste.

Los recorridos de Kerouac en “On the Road”.
“.. el camionero me señaló el sitio donde la Ruta 6, en la que estábamos, se cruza con la Ruta 66 antes de que ambas se disparen hacia el Oeste a través de distancias increíbles. Hacia las tres de la tarde, después de un pastel de manzana y un helado en un puesto junto a la carretera, una mujer se detuvo por mi en un pequeño cupé. Sentí una violenta alegría mientras corría hacia el coche. Pero era una mujer de edad madura, de hecho madre de hijos de mi misma edad, y necesitaba alguien que la ayudara a conducir hasta Iowa. Estaba totalmente de acuerdo. ¡Iowa!”*
Texto: Andrés Bacigalupo
* Fragmento de “En el camino”.
Sol, playa y compras en Santa Mónica
Publicado en Febrero 1, 2010
Ubicada a sólo media hora de Los Ángeles, esta ciudad de sol semieterno ofrece muchas calles comerciales y un paisaje estupendo que mira al Pacífico.

Esta ciudad californiana presume de tener 310 días de sol al año. Tentador promedio que unido a una serie de atracciones turísticas bien pensadas, la han convertido en el destino ideal para miles de personas, que suelen recalar en Los Ángeles (está a sólo 30 minutos) y la redescubren por su proximidad.

Las playas de Santa Mónica tienen una fama bien ganada gracias a la televisión (por aquí se rodaron Baywatch y otras series como Pacific Blue). Por ello, la alternativa inevitable para muchos es cambiar el enjambre de autopistas y rascacielos de Los Ángeles por estas maravillosas playas pobladas de palmeras.

Atractivo comercial
Pero los viajeros, estadounidenses y extranjeros, también eligen esta ciudad por una singular vida comercial y cultural. A lo largo de la Third Street Promenade, la única calle peatonal en todo California, uno puede optar por innumerables tiendas, teatros, librerías y restaurantes.
Puede ser desde el Starbucks Hear Music hasta los teatros Mann o simplemente toparse con firmas reconocidas de la moda mundial (Gucci, Armani, French Connection, etc).
Desde ya que también hay impactantes centros comerciales (¡no estaríamos en EE.UU de lo contrario!) y el más famoso es el Santa Monica Place, cuyo edificio fue diseñado por el célebre Frank Ghery y que posee un centenar de locales comerciales.
Si las compras no son su fuerte o si prefiere asomarse a otros aspectos de California, recuerde la experiencia del “Wine Train” y descubra el lado más agreste de este estado en el Napa Valley.
Texto: Andrés Bacigalupo
Más sobre Santa Monica en la web oficial
The Box, la noche cool en Manhattan
Publicado en Octubre 28, 2009
Una estética inusual y espectáculos audaces y de alto nivel identifican a The Box como la última gran predilección entre los amantes de la noche neoyorquina.

Muebles de épocas dispares, cierto ambiente recreando la edad dorada de los “locos años 20″ y espectáculos que van desde el clásico vodeville (pero aggiornado en versiones mucho más audaces) hasta breves recitales y shows circenses.
The Box, que abrió sus puertas en 2007, sigue siendo el lugar de moda de la noche neoyorquina, uno de esos sitios “dónde hay que estar” según lo dictan las agendas de actores y representantes artísticos.
Tremendo atractivo no parece casual. Sus dueños, Simon Hammerstein y Randy Weiner no han escatimado detalles para diseñar este “teatro-restaurante” en el exclusivo barrio de Lower East Side. Desde candelabros enjoyados hasta una imponente cortina de terciopelo, todo rememora la mejor época del glam neoyorquino y, al mismo tiempo, se acomoda a los tiempos que corren.
La cantante Bebel Gilberto durante su presentación en The Box.
Entre obras de Kurt Weil y música de jazz o bosanova, los habitués de The Box se pasean de un lado a otro, prueban algunos de los tragos de moda y suben a una especie de balcón interno desde el que pueden divisar con más cautela al resto de la clientela.
Si alguien piensa que todo esto es propio de una secuencia de Sex & The City, no está errado. De hecho, varias escenas de la versión cinematográfica de la serie han sido rodadas en la calle Henry Street, muy próxima a The Box.
En un amplio abanico de espectáculos, incluidos algunos de fuerte contenido erótico, este magnífico bar de varietés deslumbra a todos los clientes que se acercan hasta allí. Los mismos que, eso sí, deben comprobar que su nombre está en la lista antes de pasar.






















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