Otro gran viaje al Caribe
Publicado en Agosto 17, 2011
La Isla de San Andrés, perteneciente a Colombia, posee playas paradisíacas y un pasado de piratas que todavía se plasma en cuevas y rocas.
La historia de este paraíso caribeño no escapa a las contingencias que afectaron a todas las Antillas desde el siglo XV en adelante. Piratas ingleses, colonos protestantes y nativos se mezclan en sus páginas de modo confuso y sólo a partir del siglo XIX, Colombia “entra en acción” e integra a esta isla –junto con las de Santa Catalina y Providencia- como un departamento más.
Los cuentos de pirata no fueron aquí nada más que cuentos. El célebre corsario Henry Morgan –el mismo que inspiró clásicos como El Capitán Blood o El cisne negro (la de 1942)- pisó regularmente esta isla durante todo el siglo XVIII. Nada menos que desde aquí organizaba sus saqueos a las entonces prósperas colonias de Panamá y Jamaica.
Actualmente, se pueden visitar la Cueva de Morgan (refugio del pirata hoy convertido en gran atractivo turístico) al oeste de la isla y, en la vecina isla de Providencia, la “cabeza de Morgan”, roca tallada por los caprichos de la naturaleza con increíble similitud a un rostro humano.
Sol eterno
Más allá de las peripecias históricas, San Andrés es hoy un refugio excelente. Pero para aquellos que desean relajarse y disfrutar de las bondades de sus playas. Las más interesantes son Rocky Cay, Cocoplum, Johnny Cay y Sound Bay. Escapándose un poco de la costa son también recomendables los cayos de Albuquerque y Bolívar.
Y para darse una idea de la magnificencia natural de la isla, un buen plan es ir al islote “El Acuario”. Por lo demás, los amaneceres y los atardeceres se recortan aquí sobre un horizonte de aguas turquesas que ayudan a olvidarse de todo. Y disfrutar.
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Guadalupe, la isla del sol y del ron
Publicado en Junio 4, 2011
Más allá de sus encantadoras playas y del espíritu vivo de la herencia cultural francesa, Guadalupe es una meca del ron antillano. Opciones para visitar y degustar.

Cristóbal Colón la descubrió en su segundo viaje a América (1493) y los franceses se tomaron un siglo y medio más para asentarse de manera definitiva. La isla de Guadalupe -ubicada entre Dominica y Antigua- es una tierra “europeizada” desde el principio. Sin embargo, historia y tradición se han conjugado para mantener viva una singular personalidad cultural.
Habitada actualmente por unas 400 mil personas, Guadalupe es un destino de viajes cada vez más consolidado. En rigor a la geografía, Guadalupe son dos islas (Grande Terre y Basse Terre) unidas por un canal estrecho. Hay otras islas menores como Marie-Galante que suman sus propios atractivos turísticos.
A pesar de su escasa superficie (1704 km2), Guadalupe es un país de contrastes. Desde lo alto del volcán La Soufrière -el punto más alto de todo el Caribe oriental- se puede avistar este maravilloso collage natural en el que coexisten ondulaciones suaves y escarpadas con playas anchas y cascadas caprichosas. A propósito de playas, las de St Francois y Gosier, en Grande-Terre, son auténticos paraísos de agua turquesa.

En cuánto a las ciudades, la vida económica y cultural gira alrededor de Basse-Terre, capital administrativa. Un rápido deambule por sus calles y avenidas nos permitirá apreciar la mixtura arquitectónica entre los sofisticados estilos franceses y la vivacidad del color antillano.
Expertos en ron
Para la experiencia Guadalupe, el último pero imprescindible ingrediente es el ron, bebida popular que aquí gana enorme riqueza en matices.
Actualmente, se reconocen dos tipos principales de ron: el ron agrícola (obtenido a partir de la destilación de caña de azúcar fermentada) y el ron industrial (elaborado a partir de la melaza). Uno y otro tienen sus propias notas pero la diferencia es que el primero es más apto para la coctelería.

La degustación del ron se puede realzar no sólo yendo a sus raíces históricas y culturales (en el “Musée du Rhum”) sino también recorriendo antiguas destilerías que aún se mantienen en funcionamiento. En la isla de Marie-Galante, por ejemplo, encontramos la destilería “Poisson”. Por su parte, la emblemática destilería Demerara es famosa por “Dorado Oscuro”, un ron que a veces llega hasta los 15 años de añejamiento.
Texto: Andrés Bacigalupo
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Bajo el sol de Roatán
Publicado en Abril 9, 2011
Los encantos de la isla hondureña de Roatán ganan cada vez más adeptos. Además de sus playas tranquilas y la exuberancia de la naturaleza, hay buenos hoteles y mucha vida salvaje a la que asomarse.

Los paisajes parecen pintados y los colores cobran fuerza por todas partes: en las aguas azuladas, las playas de fina arena blanca y el espeso verde de la selva. Esto es Roatán, una isla hondureña que acrecienta rápidamente su importancia como destino turístico. Sin embargo, aún hay rincones espléndidos para huir del mundanal ruido.
Ubicada a 48 kilómetros de la costa norte de Honduras, el nombre “Roatán” quiere decir “reino celestial” en la lengua de las tribus que habitaron la isla hasta la llegada de los españoles. La etimología no parece errada: la belleza natural del lugar es indiscutible. Los poblados también tienen su encanto, sobre todo la capital, conocida a veces como Roatán Town y a veces como Coxen Hole.

La influencia de los vocablos anglófonos tiene una historia. La isla, a pesar de pertenecer a Honduras, está habitada por muchos descendientes de colonos británicos que llegaron de países cercanos como Belice, Bahamas o las Islas Caimán.
Actualmente, no viven más de 20 mil personas en toda la isla pero el número de visitantes cada año es mayor. Además de ser un punto casi inevitable para todos los cruceros que surcan el Caribe, Roatán cuenta con una notable oferta hotelera. En West Bay, por ejemplo, encontramos al imponente Paradise Beach y en la zona de French Harbour, a su vez, se destaca “Casa Romeo“.

Mariposas y delfines
La enorme riqueza natural de Roatán se puede disfrutar de muchas formas. Sobre la superficie, la espesura de los bosques tropicales invita a observar una buena cantidad de fauna. Incluso sin internarse demasiado en la selva, se puede visitar el Roatán Butterfly Garden y asombrarse con las mariposas más llamativas, tanto por sus colores como por sus formas.
El buceo es, indudablemente, el otro gran capital turístico de esta isla. Una vez sumergidos, podríamos toparnos con decenas de especies marinas, entre las que sobresalen delfines, tortugas acuáticas, peces ángel y hasta peces martillo. Los puntos más importantes para practicar esta actividad son Antony´s Key, Bajo del Coco, Herbie´s Place y Spooky.
Texto: Andrés Bacigalupo
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Naturaleza y relax en Bonaire
Publicado en Diciembre 4, 2010
En un entorno natural en el que no faltan flamencos ni tortugas, conviven las tradiciones locales y un clima ideal para descansar. Además, es un destino interesante para practicar buceo.

A sólo 35 kilómetros al este de la magnífica Curazao (isla de la que ya hemos hablado en MV Experiencias), nos topamos con el exotismo casi virgen de Bonaire, otra ex colonia holandesa dónde la arquitectura típica de los antigua metrópoli, con sus colores vivos reviviendo en la fachada de cada casa, se mezcla con las virtudes de un clima inigualable, exento de lluvias durante la mayor parte del año.
En esta isla, apenas un poco mayor que la ciudad de Buenos Aires (288 kilómetros cuadrados) coexisten auténticos santuarios naturales con hoteles y resorts de lo más exclusivos. Entre los primeros, imposible no mencionar al Lago Goto -una enorme reserva habitada por decenas de miles de flamencos- y a la deshabitada Klein Island, refugio de tortugas marinas y zona ideal para emprender buceo.
Por cierto que sumergirse en estas aguas azules es algo de lo que pocos quieren privarse. Junto a otros destinos mundiales selectos para el snorkelling (como Maldivas, Costa Rica y Palau), Bonaire sobresale por su accesibilidad y la riqueza de su vida submarina. A sólo veinte metros bajo el agua, ya es factible ser testigo de una fauna fascinante que incluye morenas, tortugas, peces ángel y los llamados “peces trompeta”.

Los atractivos de Bonaire continúan “en la superficie” y muchos de ellos se concentran en Kralendijk, la discreta capital de 5 mil habitantes permanentes que cada año reciben a cerca de 50 mil viajeros. Pese a su reducido tamaño, Kralendijk se enorgullece de ofrecer decenas de restaurantes con variedades gastronómicas que van desde la cocina hindú y francesa hasta la china e italiana. En el menú nativo, por su parte, lo más frecuente es el pescado frito preparado de diversas formas.

En cuanto a festividades, destaca en el calendario de Bonaire el cumpleaños de la Reina de Holanda (que aquí se celebra con la llegada de gente desde Aruba y Curazao). En cualquier caso, durante el resto del año los “streets bazar” de Kralendijk parecen una auténtica fiesta con sus vendedores inquietos ofreciendo, entre otras cosas, la célebre kokada (bebida muy popular elaborada a base de coco).
Texto: Andrés Bacigalupo
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Anguila, pequeña y solitaria
Publicado en Octubre 16, 2010
Es una de las islas más bellas del Caribe. Ubicada entre Sint Marteen y las Vírgenes Británicas, preserva sus encantos naturales y atrae a los amantes del relax. Los sitios que vale la pena agendar.

Con sólo 56 kilómetros de playas y un ancho territorial de apenas 6 kilómetros, Anguila es una de esas discretas y atractivas islas del Caribe cuyo encanto aún no logra atraer al turismo masivo. Pero eso, más que una desventaja, es en realidad un auténtico “plus” para los visitantes que desean un destino exótico.
Ubicada entre Saint Martin y las Vírgenes Británicas, Anguila cuenta con paisajes magníficos no sólo en sus costas sino también en su interior, salpicado de lagos de agua salada en los que convergen flamencos y otras aves propias del trópico.

Su capital, The Valley, es pintoresca y pequeña. En menos de dos horas se pueden descubrir sus edificios principales y advertir la atmósfera de hospitalidad y calma que la rodea. No hay autobuses, sólo taxis particulares, pero sí numerosos restaurantes y bares.
Otros puntos ineludibles de Anguila son la playa Blowing Paint (desde dónde salen ferrys en dirección a la parte francesa de Saint Martin) y Mead´s Bay, bahía que sirve de puerto natural para embarcaciones pequeñas. Por su parte, Crocus Hill, con sus 65 metros, es la parte más alta de la isla y por esta razón, el lugar indicado para tomar las mejores fotografías panorámicas.

Por último, las islas Scrub y Sombrero, muy próximas a Anguila, son también auténticos paraísos. Esta última, sin embargo, quiere preservarse momentáneamente de nuevos emprendimientos y permanece como un santuario al que sólo se puede avistar desde el barco.























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