Curazao: aguas azules y pasado colonial
Publicado en Enero 23, 2010
El sello de la colonización holandesa y un clima agradable durante todo el año hacen de esta isla un destino impostergable. Una alternativa: recorrer las famosas “landhuizen”, antiguas casas de campo.

Los amantes del Caribe han encontrado en este blog unas cuántas referencias a aquellos destinos antillanos que, por una razón u otra, se destacan entre la vasta oferta turística de la región. Así, oportunamente comentábamos las virtudes de un estupendo resort en Santa Lucía y otro tanto sobre unas cabañas de lujo en Antigua y Barbuda.
Hoy, redescubrimos Curazao, una isla sorprendente cuyos encantos apenas comienzan en el color turquesa de sus aguas.
Ubicada a menos de 50 kilómetros de la costa de Venezuela, Curazao es la más poblada de las Antillas Holandesas. Hija de un sincretismo cultural más que interesante, sus pobladores (algo más de 100 mil) hablan holandés, inglés y papiamento, un dialecto que combina la herencia europea con las lenguas africanas de los antiguos esclavos.

Esa esencia multicultural desborda la cuestión idiomática y se expresa en la arquitectura, la música y las festividades típicas. De la primera, imposible perderse las coloridas casas que se asoman al puerto de Willmestad (la capital). Por la segunda y la tercera no deberá preocuparse: los criollos llevan su ritmo a todas partes. La “tumba”, curioso género nativo a mitad de camino entre el merengue y el jazz y el nombre de Jan Gerard Palm -su principal difusor- son las palabras claves para asomarse a esta música.

Conocer los “landhuis”
Willmestad bien podría llamarse “la capital de los colores pasteles”. Casi sin excepciones, estos se repiten en las fachadas de edificios públicos y privados. La leyenda indica que fue Albert Kikkert (gobernador de la isla a principios del siglo XIX) quién ordenó pintar todo en esos tonos argumentando que el “blanco resplandor” de las casas era el origen de sus dolores de cabeza.
Cierto o no, el hecho es que, a medida que uno se aleja de Willmestad la paleta de colores sigue intacta.
Y lo mismo puede decirse de los famosos “landhuizen”, las casonas de los antiguos esclavistas. Construidas entre los siglos XVII y XVIII, estas auténticas mansiones se levantaron a partir de improvisadas mezclas de corales y ladrillos. Los hacendados, eso sí, siguieron el detalle de las típicas tejas holandesas, que conducen el agua hacia colectores aparte construidos con ladrillos.
Actualmente, unos cuantos “landhuizen” fueron reacondicionados para los viajeros, que pueden recorrerlos por completo. Entre ellos, merecen mencionarse el Brakkeput Mei Mei y Jan Kok, que hoy alberga una galería de arte de Nena Sánchez.

Mucho por hacer
Aunque con una superficie diminuta, Curazao no deja de sorprender por la cantidad de actividades de las que se puede disfrutar. En total, la isla cuenta con 38 playas y casi 60 sitios para practicar buceo. Un buen mapa de la isla y mucho entusiasmo es todo lo que necesita para planificar su día a día aquí.
Texto: Andrés Bacigalupo
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Vacaciones en la bahía perfecta
Publicado en Noviembre 18, 2009
Un entorno natural privilegiado y un resort con piscinas para todos los gustos convierten al pintoresco pueblo de Soufriere (en la isla caribeña de Santa Lucía) en un destino estupendo que conviene agendar.

Los paisajes, tanto los acuáticos como los terrestres, están todavía dominados por una naturaleza exuberante. Orquídeas gigantes, helechos tupidos que se confunden unos con otros, aves que sobrevuelan y una generosa variedad de especies de árboles. Esta es sólo una breve descripción de los bosques tropicales de Soufriere, el principal destino turístico de Santa Lucía después de Castries, la capital.

Soufriere, un pueblo armonioso y discreto de 7 mil habitantes, fue fundado por conquistadores franceses en 1736. Aquella huella gala, sin embargo, no perduró demasiado. Al igual que Barbados o Antigua y Barbuda, Santa Lucía cayó bajo la influencia de los británicos y esa vicisitud aún puede observarse en los edificios de estilo victoriano y en unas cuantas costumbres nativas.
La otra gran influencia cultural de Santa Lucía viene dada por los antiguos esclavos llegados de África. En la música, géneros como el reggae y el zouk reconocen su antecedente indirecto en las comunidades afrodescendientes.

Ideal para relajarse
Soufriere, en el margen occidental de la isla, posee algunas de las playas más estupendas del país. Ideal para combinar descanso y contacto con la naturaleza, la pequeña ciudad ofrece los atractivos del Jardín Botánico Diamond, con sus caminos sinuosos entre volcanes y el Parque Nacional de la Paloma, muy próximo a una antigua base militar británica.
Pero el paisaje predilecto que aman los viajeros es, indudablemente, la bahía. Casi todos los grandes hoteles se asoman a ella, dónde es posible practicar desde kayak hasta buceo. Los cruceros que recorren el Caribe también la visitan frecuentemente, sobre todo de enero a abril, la temporada ideal para conocer este diminuto país.
Jade Mountain, uno de los resorts más sofisticados de Soufriere, es especialmente recomendable por su fantástica variedad de piscinas, diseñadas por el arquitecto Nick Troubetzkoy. 24 de las 29 habitaciones poseen su propia pileta, algunas con conexión directa a las aguas del Caribe. Troubetzkoy ha sido también el responsable de ambientar el hotel en un estilo al que ha definido como “orgánico“, por la voluntad de respetar la concordancia entre el paisaje y la edificación.

Perfectos para los viajeros que desean distenderse, Soufriere en particular y Santa Lucía en general, tienen el plus del encanto natural y la garantía de una infraestructura hotelera a la que no le falta nada.
Texto: Andrés Bacigalupo
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El discreto encanto de Antigua y Barbuda
Publicado en Mayo 23, 2009
El Hermitage Bay, un resort compuesto por 25 cabañas típicas, es uno de los hoteles boutique más sofisticados en este pequeño destino caribeño que seduce por su tranquilidad y armonía.

El pasado de piratas, esclavos y plantaciones de azúcar ha quedado plasmado de forma indeleble en los pequeños pueblos de Antigua y Barbuda, una mágica y discreta isla del Caribe Oriental, cuyas atracciones empiezan a cotizarse lentamente a los ojos del turismo mundial.
Menos de 100 mil personas viven aquí, repartidos en tres islas reducidas (Antigua, Barbuda y Redonda) que no tienen ríos pero sí grandes playas de arena fina. Las temperaturas prácticamente no varían en todo el año y el sol asegura así una estadía tranquila en las costas de una de las naciones más jóvenes del mundo (se independizó del Reino Unido en 1981).

En Saint Johns, su capital y ciudad más poblada, se puede visitar su histórica catedral o conocer algunos de los antiguos molinos azucareros, hoy reconvertidos en museos y centros culturales. El Museo del Astillero se recomienda especialmente.
Barbuda, a su vez, seduce a los viajeros solitarios en busca de paz y relajación. Situada 40 kilómetros al norte de Antigua, está poco habitada, al punto que se sugiere a los visitantes que contraten el menú gastronómico con anticipación, para que los lugareños puedan conseguir los ingredientes.

Un hotel boutique en la Bahía
Pero quienes quieran tener todo resuelto, pueden hospedarse en el Hermitage Bay de Antigua, un sereno y confortable resort boutique a pocos minutos de la capital..
Edificadas en un estupendo entorno de jardines y playas, se levantan las 25 pequeñas cabañas construidas con maderas duras de la zona. Dotado de todos los servicios, este resort es una alternativa válida tanto para los amantes de un placentero descanso como para los ávidos aventureros que deseen practicar deportes acuáticos: desde kayak y buceo hasta regatas.

Esta actividad es justamente una de las más valoradas en el país y de hecho en abril de cada año, la isla se convierte en el centro social del Caribe durante la Regata Sailing Week, la quinta más importante del mundo.
Texto: Andrés Bacigalupo
Más: Viajar a Antigua y Barbuda - Barbados, otro destino caribeño
En el Caribe Sur
Publicado en Febrero 28, 2009
A sólo 3300 kilómetros al norte de Buenos Aires la isla de Barbados, antes una colonia británica, recibe viajeros ansiosos de visitar sus playas de arena blanca y descifrar los misterios de una costa muy rica en vida submarina.

Debieron quedar fascinados los primeros ingleses que llegaron a Barbados en el siglo XVIII. Por empezar, porque se encontraron con una isla muy favorecida por la cálida temperatura del trópico. Pero también porque la encontraron totalmente deshabitada: sus antiguos pobladores (los indios “caribes“) habían emigrado o habían sido capturados por navegantes españoles, que no prestaron demasiada atención a la pequeña y solitaria Barbados.
Hoy es la principal isla del Caribe Oriental y una de las más próximas a Sudamérica (menos de 600 km desde Caracas). Una serie de inversiones turísticas fenomenales la han transformado en un imán para miles de viajeros. Además, desde su Aeropuerto Grantley Adams -el de mayor tráfico de la región- es posible combinar vuelos hacia otras Antillas igualmente codiciadas: Guadalupe, las Islas Vírgenes o Curacao. Pese a ello, la isla aún conserva cierto perfil bajo en el turismo internacional.

Aunque posee sólo 34 kilómetros de costas, Barbados encierra un paisaje variado: montañas y playa se confunden en ciertas zonas y sus pequeñas ciudades -ninguna sobrepasa los 100 mil habitantes- se caracterizan por el sello colonial de la arquitectura británica. En Bridgetown, la capital, es recomendable pasear por la Broad Street y probar toda la variedad de frutos tropicales que ofrecen los lugareños.

Si se trata de encontrar un hospedaje de buen nivel, una de las opciones es ir hacia el norte de la isla, en el límite de las parroquias de St.Peter y St.Lucy. Allí se encuentra Little Good Harbour, un conjunto de pequeñas villas privadas diseñadas para disfrutar del paisaje de Barbados con intimidad y exclusividad.
Little Good Harbour consta de cuatro tipos de villas, cada una con la cantidad de dormitorios requerida según el viajero. Además, la carta de su restaurante es variada y destacan algunas particularidades como la ensalada Caesar con Camarones tostados a la parrilla con queso cheddar.

Bajo el mar
Por último, no ha viajado a Barbados quién no se haya animado al buceo. Dueña de algunos de los paisajes submarinos más bellos del mundo, Barbados ha sabido dar provecho a esta actividad y su costa occidental se encuentra prácticamente sellada con arrecifes de coral.
Placer sobre la tierra y debajo de ella. Otra experiencia que sin duda recomendamos.




















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