Archivo de Junio, 2011

En la cuna del Merlot

Publicado en Junio 29, 2011

El pueblo de Saint Émilion, en plena Aquitania, no sólo es uno de los lugares más bellos de Francia sino también un sinónimo de su larga tradición vitivinícola.

Dicen que hay pisar los 196 escalones de la Iglesia Monolithe para apreciar verdaderamente, y en unos segundos, al mágico pueblo de Saint Émilion. Estamos en plena Aquitania, a unos 40 kilómetros al oeste de Burdeos, y lo que maravilla del paisaje que se observa desde el campanario es el contraste entre edificios medievales y viñedos.

La tranquilidad de los 300 pobladores permanentes de Saint Émilion sólo se altera en época de vendimia. Durante el resto del año, los viajeros que llegan desde todas partes del mundo (atraídos sobre todo por los vinos de alta gama) se pierden en las callejuelas laberínticas del pueblo y recorren las decenas de bodegas de la región.

A propósito, la mayoría terminará degustando algún vino de uva Merlot, que aquí monopoliza el 91% de la cosecha. En proporciones mucho menores, pero no por ello ausentes, destacan también el Cabernet Franc y el Cabernet Sauvignon. Los turistas, que pueden gastar entre 8 y 350 euros por una botella de vino, entenderán porque la naturaleza está detrás de tanta excelencia enológica. Un suelo compuesto sobre todo de arcilla y piedra caliza más el regular clima soleado han hecho de esta región una auténtica bendición para la fertilidad de los viñedos.

Región para descubrir

Partiendo desde Saint Émilion en diferentes direcciones, la magia de la Aquitania apenas comienza. Así, a pocos minutos nos encontramos con el fastuoso castillo de Bonaguil –construido en el siglo XIII y en excelente estado de conservación.

Otros puntos que vale la pena descubrir son: Monpazier, el pueblo “más bello” de Francia y el faro de Cordouan, con sus 311 escalones que finalizan con una panorámica vista al estuario del río Gironda y al océano Atlántico.

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El mundo según Meireles

Publicado en Junio 27, 2011

Exponente del llamado “arte neoconcreto”, el brasileño Cildo Meireles se ha hecho un nombre propio en la escena mundial. En Proa, desde julio, una pequeña muestra de su vasta obra.

Las industrias culturales, el consumo masivo, el sistema económico imperante o la dependencia de su Brasil natal respecto al capitalismo del Primer Mundo. Todo esto, expresado de formas lúdicas pero no por ello exentas de agudas ironías, es lo que cabe en la fenomenal obra del artista brasileño Cildo Meireles.

Nacido en 1948 y muy pronto integrante del llamado “neoconcretismo” latinoamericano, Meireles fue ganando un espacio propio en la escena del arte mundial a fuerza de resignificar decenas de objetos cotidianos hasta convertirlos en vehículos de cuestionamientos profundos. Botellas de Coca Cola, monedas en desuso, una habitación en rojo o un paisaje lunar son, en su obra, los símbolos mediante las cuáles se increpa al público a pensar en la íntima relación entre lo material concreto y las ideologías que los preceden y habitan.

“Babel”, o las voces superpuestas del mundo.

Una de sus obras más emblemáticas se llama “Inserções em circuito ideológico: Projeto Coca Cola” y consiste en una botella de la popular bebida sobre la que añadió el trillado grito latinoamericanista de “Yankees go home” para volverla a poner en circulación.

La globalización que ensordece

Mucho más reciente, otra obra interesante de Meireles ha sido su instalación “Babel”, una imponente torre de equipos de radio –todos encendidos- que invitaba a entrar en directo contacto con gente hablando en todos los idiomas y de manera simultánea. Con este trabajo, Meireles no pretendía más que plasmar de un modo vívido y directo el lado ensordecedor (¿o enloquecedor?) de la globalización mientras deslizaba las tensiones inherentes entre lo local y lo global.

Galardonado en 2008 con el Premio Velázquez en España, los trabajos de Cildo Meireles ya han recorrido algunas de los museos más importantes del mundo (Nueva York, Barcelona, Londres).

Aunque todavía no podemos ver en Buenos Aires un conjunto significativo de sus trabajos, les avisamos que en Fundación Proa –en el marco de la exhibición “Sistemas, Acciones y Procesos. 1965-1975” que permanecerá abierta entre julio y septiembre- sí estarán sus ya memorables botellas de Coca Cola.

Texto: Andrés Bacigalupo
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Serenidad y encanto en la Isla de Man

Publicado en Junio 25, 2011

Ubicada entre Reino Unido e Irlanda, se ha convertido en un destino turístico de relax para miles de europeos. Enlazada a su pasado vikingo y dominada por los estilos victorianos, Douglas –su capital- es una ciudad lujosa con ritmo de pueblo.

Al puerto de Douglas, capital de la Isla de Man, arriban de manera casi permanente ferrys procedentes de Dublín o Liverpool. Ubicada en el Mar de Irlanda, la isla ha vivido durante siglos equilibrando las influencias de británicos e irlandeses al tiempo que forjaba su propia identidad.

Poblada por unos 80 mil habitantes, el tamaño de esta pequeña isla es cinco veces menor que el de Luxemburgo. Esta intrascendencia, sin embargo, es ampliamente compensada por su rica y larga historia, en la que no faltan las huellas de los conquistadores vikingos.

A propósito, nadie que llega a la isla elude visitar el Castillo de Peel, una fortaleza que los vikingos levantaron en el siglo XI. Más tarde, los celtas lo ocuparon en carácter de monasterio. Habilitado para el turismo durante el verano, Peel es una fortificación emblemática para los maneses, que incluso lo tienen como ilustración en el reverso de los billetes de 10 libras.

De la ciudad a la campiña

La capital de la Isla de Man, Douglas, es hoy una interesante combinación de centro turístico y puerto bullicioso. Destacan los edificios de aire victoriano como el Teatro Gaiety o el Museo Manx.

Su ritmo de ciudad pequeña se plasma en un tranvía a caballo que aún sigue en funcionamiento. Esa reliquia mecánica es apenas un dato pintoresco. La modernidad llegó aquí hace rato y hoy tiene un aeropuerto internacional con vuelos regulares a Londres y otras capitales. A propósito, hay que tener en cuenta que las aerolíneas que operan aquí son British Airways, Aer Arann, VLM y EuroManx.

Apartándonos de la capital, la isla sugiere atracciones en todos los puntos cardinales. Así, podemos ir hasta Castletown (al sur) para apreciar un minúsculo pueblo de calles estrechas localizado a los pies de un volcán inactivo. Hacia el oeste, cercano al ya mencionado castillo de Peel, nos encontramos con la quietud de la villa Kirk Michael y las enormes cruces de piedra que rodean a su principal iglesia.

Ramsey, al norte de la isla, es otro punto que vale la pena conocer. Este puerto antiquísimo que vio pasar sucesivas hordas de celtas, escoceses y noruegos, hoy es una modesta pero pintoresca ciudad que se enorgullece de la predilección de la realeza. Y es que a lo largo de los años, desde la Reina Victoria hasta el Príncipe Alberto y Eduardo VII pasaron por aquí para reconfortarse con la naturaleza y con la paz de sus costas.

Texto: Andrés Bacigalupo

A la caza de los looks “casuales”

Publicado en Junio 22, 2011

El blog “Face Hunter” se convirtió en un auténtico observatorio de “moda callejera”. Y su autor, el suizo Yvan Rodic, dice que no imaginó que hasta la revista Elle recomendaría su sitio.

Tiene solamente 30 años y dice que todo comenzó de casualidad. Tan simple como tomar la cámara digital y recorrer las calles de unas cuántas ciudades para registrar la verdadera moda: la “urbana”, la de la gente “común”.

Así fue como transeúntes de Berlín, Oslo, Estocolmo, Londres, Zurich, Bogotá y Reyjavik se toparon con el ojo fotográfico de Yvan Rodic, quién de todas maneras dice preferir los pequeños poblados antes que las grandes capitales. “No es conocer a Terry Richardson o a Sienna Miller lo que me interesa. Lo que más me gusta es toparme con desconocidos en un pueblecito de nombre impronunciable que se arriesgan a vestir a su manera“, ha dicho Rodic.

La repercusión fue lo suficientemente importante como para catapultar a Rodic a colaborar con las publicaciones más “mainstream” de la moda internacional. Hoy sus trabajos aparecen en revistas como Vogue (de EE.UU e Italia), GQ (Francia), Cover (Dinamarca) y Tokion (Japón).

Además, Rodic ha editado un libro con sus mejores trabajos mientras Face Hunter, su videoblog, recibe cientos de miles de visitas por mes.

Desde ya, lo recomendamos.

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Sabores de Asia en Buenos Aires

Publicado en Junio 20, 2011

La India, Tailandia y Vietnam tienen sus propias “embajadas” gastronómicas en la capital argentina. Restaurantes especializados y algunas sugerencias para probar.

Los viajeros que llegan a Buenos Aires arriban tentados de antemano por el conjunto de símbolos gastronómicos más representativos del país. Así, buscan rápidamente un típico “bodegón”, ansían con probar el “asado” y, recorriendo el país, van degustando empanadas y vinos.

Pero en la capital argentina, la gastronomía extranjera también tiene mucho por ofrecer. Bajo ese rótulo –y sin olvidar que hay desde restaurantes rusos y polacos hasta lo más sofisticado de la gastronomía francesa- se destaca especialmente todo el abanico de matices orientales: Vietnam, Tailandia e India.

Un recorrido caprichoso en el mapa de los sabores “étnicos” podría empezar en el barrio de Belgrano. Allí, se puede degustar rica comida thai en Lothus Neo Thai. Los platos con curry dominan la carta de una u otra manera: cerdo con curry verde o condimentados lomos con salsa de ostras.

Otros exponentes de la cocina de Tailandia podemos encontrarlos en los barrios de Palermo (“Sudestada”) y en pleno “downtown” porteño (“Empire Thai”).

Entre la India y Vietnam

Para rastrear las huellas de la cocina hindú, Buenos Aires también ofrece un par de opciones interesantes. En “Mumbai” de Palermo Soho, por ejemplo, se pueden ordenar platos como “navratan korma” (un mix de 9 verduras y queso) o el “jhinga prawn curry” (curry suave de langostinos). El arroz tipo basmati abunda en muchas de las recetas.

Más limitado pero igualmente interesante resulta “Bengal”, que está en el microcentro y ofrece desde pollo a la tandori hasta algunos platos de comida italiana.

Por último, a la hora de dar con la comida vietnamita los nombres son “Green Bamboo” y “Casa Vietnam”. En el primero, ubicado en Palermo Soho, podemos tentarnos con un aromático “muc chiemb bo” (calamar frito mariando en curry y ginger) o un pato confitado con hongos que recibe el nombre oficial de “vit quay”. El segundo, localizado en la calle Gurruchaga del mismo barrio, se distingue con platos como el “nem ran” (carne de cerdo envuelta en un increíblemente delgado papel de arroz). A la hora de lo dulce, sorprende con una carta variada de infusiones encabezadas por el perfumado té de jazmín.

Desde ya, lo expuesto aquí es apenas una muestra. La afianzada tendencia de la comida étnica en Buenos Aires tiene sus propios ritmos y frecuentemente surge alguna que otra propuesta adicional.

Texto: Andrés Bacigalupo
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Destinos atípicos: por los castillos de Eslovenia

Publicado en Junio 15, 2011

Siglos de historia medieval y maravillosos paisajes de bosques y montañas sintetizan la singular experiencia de conocer Predjama, Celje y Bogenšperk, los tres castillos más conocidos de Eslovenia.

Incrustados caprichosamente en formaciones rocosas aún más caprichosas. Rodeados de extensos y prolijos jardines cuyo trazado de inspiración renacentista nos “traslada” al siglo XV. “Atrapados” por las vicisitudes del paso del tiempo en entornos modernos con autopistas que casi llegan a rodearlos. Algunos de los mejores castillos de Eslovenia son hoy una postal soñada para los viajeros.

En la república más joven de Europa Central, a pocas horas de Italia y Austria, hay ciertamente mucho por descubrir. Y los castillos de Predjama, Celje y Bogenšperk –cada uno con rasgos bien marcados- son auténticas fortalezas que no sólo evocan irremediablemente al sinnúmero de guerras medievales que por aquí dejaron huella. También se pueden disfrutar en todo su esplendor del presente. El de Celje, por cierto, se puede alquilar para bodas.

Pero comencemos con el castillo de Predjama, que dista apenas 50 kilómetros de Liubliana en dirección al Adriático. Se trata de una fortaleza de siete siglos de vida que se alza en una pared de piedra de 123 metros. Desde su torre o desde sus numerosas ventanas la vista es simplemente estupenda. Pero las maravillas están adentro y se pueden recorrer: las habitaciones, la capilla y hasta el calabozo forman parte del tour y permiten hacer un viaje mental hacia la agitada vida de caballeros y batallas que alguna vez reinó entre sus paredes. Entre lo más destacado; armas antiguas, óleos de la época y una imagen de la Pietà que data de 1420.

Volviendo a Liubliana y dirigiéndonos esta vez hacia el este, llegamos hasta Celje, ciudad de 50 mil habitantes que se enorgullece de un antiguo castillo largamente acordonado por murallas. Con un intenso trabajo de restauración y conservación, el castillo es hoy el más grande del país. Se comenzó a construir en el siglo XIII pero tuvo sucesivas ampliaciones en los siglos XV y XVI. Cuenta con cinco miradores, un anfiteatro, un extenso patio interior y miles de detalles que combinan influencias góticas y renacentistas.

Por último, imposible dejar de nombrar al Castillo de Bogenšperk. De origen misterioso –aún no se sabe a ciencia cierta cuando fue construido- esta fortaleza está íntimamente ligada a la figura del científico Janez Valvasor, prominente noble del siglo XVIII. De estructura clásica (plano cuadrado y cuatro torres circulares), el castillo está abierto al público, que puede acercarse a conocer un nutrido conjunto de colecciones que van desde armería, mobiliario y elementos de caza hasta un llamativo caudal de objetos asociados a la brujería.

Imponentes y mágicos, estos tres castillos son hoy un motivo de orgullo para los eslovenos y una parte importante de los tesoros turísticos de este joven y discreto país centroeuropeo en el que vale la pena detenerse.

Texto: Andrés Bacigalupo
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