Budapest se rinde ante Franz Liszt
Publicado en Mayo 28, 2011
El bicentenario del nacimiento de uno de los genios imprescindibles de la música es la excusa perfecta para acercarse a una ciudad atractiva y vigorosa. La majestuosa Ópera y el pintoresco bulevar Andrássy.

Un talento de esos que nacen cada tanto. Un compositor y pianista cuya grandeza no sólo se mide por la repercusión en el público sino por la influencia en otros personajes claves de la música como Strauss o Wagner.
Franz Liszt, de cuyo nacimiento se cumplirán 200 años en el próximo mes de octubre, es una figura clave para la cultura húngara en particular y europea, en general. Por eso, Budapest ha decidido celebrar su bicentenario bien por lo alto y ha invitado a descubrir en la ciudad las huellas de este hombre singular.
Como compositor, Liszt ha sido elogiado por sus sinfonías Fausto y Dante y sus poemas sinfónicos “Los preludios”, “Mazeppa” y “Orfeo”. Como pianista, Liszt fue una auténtica sensación en su época (se habló de una “lisztmanía” aunque hoy nos resulte gracioso) y se lo reconoce por haber ampliado los recursos interpretativos de este instrumento.

Entre la ópera y la academia
El céntrico bulevar Andrássy es la arteria clave para recorrer Budapest y maravillarse con la soberbia de algunos de sus palacios renacentistas. El punto de partida ideal es la Ópera de Budapest, un coloso neorrenacentista con aires barrocos que alguna vez presumió de ser “la ópera más cara de Europa” (sí, incluyendo a Viena).
El edificio tiene hoy 1289 plazas y eso a pesar de que sufrió modificaciones en ocasión de su centenario, en 1984. Lo cierto es que su interior es una buena síntesis de la cultura húngara: murales de los pintores Károly Lotz, Bertalan Székely y Mór Than y esculturas de Alajos Stróbl sobre los “padres” de la música: Liszt y también Ferenc Erkel.
Ubicada también sobre la avenida Andrássy, la Academia de Música que hoy lleva el nombre de Liszt es también un edificio esplendoroso, con la imponente estatua de bronce del músico que nos impacta desde la puerta.

La huella omnipresente del genio, que este año se intensificará como pocas veces, no alcanza a opacar a la Budapest de hoy, una capital de dos millones de habitantes. Nacida de la fusión de “Buda” y “Pest”, las dos ciudades separadas por el Danubio, la urbe posee uno de los patrimonios arquitectónicos más variados de Europa y está perfectamente intercomunicada por la red de metro más antigua del continente.































