Bellezas bajo tierra en Moscú
Publicado en Diciembre 9, 2009
La capital rusa posee la cuarta red de subterráneos más grande del planeta. Pero más allá de su tamaño, los moscovitas ostentan en ella una inusitada cantidad de obras de arte de todos los tiempos.

Fue en 1935 cuando se inauguró oficialmente el primer tramo del subte de Moscú, uniendo las estaciones Sokólniki y Park Kulturi.
Setenta y cuatro años más tarde, hay 177 estaciones como aquellas dos y la red se extiende por casi 300 kilómetros. Después de las de Tokio, Londres y Nueva York, la de Moscú es la mayor red de este tipo de transporte y asegura que millones de rusos se desplacen de forma rápida y eficiente.
Funcionalidades aparte, el metro de Moscú -convertido ya en un atractivo turístico indiscutible- ofrece a los visitantes centenares de obras de arte de épocas diversas (anteriores y posteriores al comunismo).

Si partimos de un punto céntrico como la Plaza de la Revolución (estación “Ploschad Revoliutsii”) lo primero que llamará nuestra atención son las 76 esculturas de bronce del artista Matvéi Manizer representando a los “protagonistas” de los sucesos de 1917: campesinos, marineros, soldados, estudiantes, deportistas y mineros.
Otros puntos interesantes son la estación Novoslabódskaya, dónde se exhiben bocetos del pintor Korin y la estación Belorruskaya, con obras de Oprishko que homenajean la comunión entre los pueblos ruso y bielorruso.

Un párrafo aparte merece la estación Komsomólskaya, inaugurada en 1954 y ubicada debajo de la plaza homónima. Iluminada con nueve enormes arañas y 8 paneles de mosaicos, esta estación fue diseñada por D.N Chechulin en la década del ´30 y su maqueta se exhibió incluso en la Feria Mundial de París de 1937.
Otras estaciones menos conocidas no dejan de tener su encanto, tales como Chistiye Prudy y Tsvetnoy Bulvar. Los moscovitas, mientras tanto, se jactan de contar con una verdadera galería de arte bajo tierra.































