Paul en su tinta
Publicado en Noviembre 5, 2008
El escocés Paul Kessling se consolida como uno de los paisajistas más originales del mundo luego de que Christies subastara a precio récord algunas de sus obras.

Paul Kessling ya no es un novato en el mercado mundial de arte. Por el contrario, la originalidad de sus proyectos y sus sorprendentes resultados, le han dado un pasaporte sólido entre los paisajistas de Europa y el mundo.
Nacido en 1965 en Dundee (Escocia), Paul Kessling estudió en el Royal College of Art y más tarde una beca de viaje de RCA le permitiría arribar a la Isla de Pascua dónde estudió atentamente la escultura y los paisajes locales.
En la Isla de Pascua, Kessling observó particularmente a los moáis, esas esculturas de piedra monolíticas que sólo pueden encontrarse en ese archipiélago. Quizás no había mejor destino para un apasionado como Kessling. La isla es definida como “un verdadero museo al aire libre” y cuenta con 600 de estas esculturas, la mayoría labrados con toba del volcán Rano Raraku. Las teorías sobre su construcción y traslado (algunas de ellas llegan a pesar 9 toneladas) siguen poco claras y eso despierta aún más la admiración de turistas y artistas.
Más que un pintor paisajista
La crítica especializada no escatima elogios para Paul. Se ha dicho de él que “no es sólo un pintor paisajista, aunque las ondulantes colinas y los campos donde vive son instantáneamente reconocibles en sus hermosas imágenes”. Y también que trabaja en “una escala épica” dónde las puestas de sol y los amaneceres adquieren una dimensión de tiempo histórico.
A pesar de que su obra es más bien colorida, el propio Kessling se declara admirador de otros artistas como Anselm Kiefer y Hughie O’Donoghue, mucho más proclives a paisajes oscuros.
































